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Texto:
Ángel Muñoz
Hay lugares y momentos que por alguna razón aglutinan
una fuerza, una magia, una creatividad que dejan un fogonazo en el
espacio - tiempo que les corresponde, una huella en todos aquellos
que conocieron, que rozaron esa circunstancia; lugares con duende,
momentos de magia.
El Agapo,
sito en la calle de la Madera 22, fue uno de esos lugares. El lapso
temporal, desde 1985 a 1994. Malasaña puede que no fuera tan chulo
como ahora (que por otra parte, no voy a poner ni un pero a cómo
está el barrio) tan moderno, tan diurno (genial para nuestros peques
alternativos) pero era mucho más salvaje, más canalla, molaba tanto,
había tanta creatividad en cada esquina, era rock and roll, era
libertad, era genial. Mi experiencia personal en el Agapo se centra
en los últimos años, en los 90, en la época más creativa y luminosa,
pero menos explosiva, después de que tantos grandes y tantos ángeles
ilustres de la noche madrileña se fueran cabalgando. Era un local
minúsculo, oscuro, en el que sabías cuando entrabas pero no cómo ni
cuándo saldrías. Forma parte ilustre de la historia de esta ciudad
para unos cuantos, y junto con locales como la sala Maravillas, el
Penta, la Vía Lactea, el Astoria, La Vaca Austera o el Tupper y el
Nueva Visión, marcó el pulso de la música madrileña con mayúsculas.
Mucho más golfo que todos, el Agapo era el Agapo, no se puede decir
más, nadie te preguntaba qué bebías o qué te metías, no había
horarios ni reglas, pero tampoco problemas, un niño chulo de quince
añitos podía montarla con una treinteañera de postín mientras veías
a Shane McGowan borracho debajo de una mesa y en el escenario de 6 x
4 pintarrajaeado en cada centímetro tocaban Los Enemigos, o los
Ronaldos, o Las Ruedas, o cualquiera de los cientos de artistas
conocidos o no que alumbraron las noches y los amaneceres de la
calle de la Madera.
Ahora, 26 años después, hemos podido disfrutar de una
serie de conciertos recordando aquella época y aquel local, y
Subterfuge ha reeditado este maravilloso disco, Agapo Live,
con preciosa portada de Alberto García - Alix (cómo no) y un libreto
maravilloso, con fotos (qué jóvenes lucen todos!), anécdotas,
recuerdos, poemas lisérgicos a cargo de Josele Santiago...
nostalgia?? puede ser, pero desde luego, reconocimiento a un local
único, reconocimiento para que la gente de otras ciudades, para que
las nuevas generaciones, sepan qué ocurrió en un local menos
conocido, pero fundamental. Para que la gente que les daba miedo el
Chueca y el antiguo barrio de Maravillas de las putas y los yonquis
antes de que fuera un destino turístico de lujo y diseño sepan que
allí se cocinaba de verdad lo que veían en las pelis de Almodóvar.
Doce cortes a cargo de seis grupos representativos de
aquella época, del sonido Malasaña, del rock de verdad que supuraba
en cada adoquín de La Palma a la Madera. No están todos los que
fueron pero si son todos los que están. Los Enemigos, Sex Museum,
Ángel y Las Güais, Los Cardiacos, Las Ruedas y Los Macana.
Hot blood, cold metal, Agapo Live.
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