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Texto:
Marcos
Ripalda
Tras el infumable
Strawberry Jam (2007) y que a la crítica tanto encandiló,
aterrizan los del “colectivo animal” con otra criatura bajo el
brazo. Por supuesto, no ha habido reseña mala (alguna habrá, claro,
pero ese trabajo se lo dejo a ustedes). A Juan Cervera, por ejemplo,
de la revista Rockdelux, este grupo le parece “el mejor y más
inmenso grupo de pop contemporáneo”. Y para la redacción de EP3 el
álbum ha merecido el número uno de su “player” tres meses
consecutivos. Vamos, que el artefacto merecía una visita. Donde hay
humo, John Wayne querido, hay fuego.
Cierto es que me
acerqué a Merriweather Post Pavilion con, digámoslo ya, pocas
ganas y sí mucha curiosidad. Enfrentado a mi paradoja, las primeras
escuchas fueron descorazonadoras. Y me daban la razón, que es a lo
que vamos: un puñado de freakies adictos a los sintetizadores
y los ritmos exóticos mezclados de aquella manera. Y hay más: un
grupo con estrella, que han puesto de moda los medios especializados
(y no tanto, a la aldea global nos encaminamos) porque son raritos y
hacen un popurrí comestible jugando con las armonías de Brian Wilson
en la China o en el Congo. Estas, y hasta mucho peores, fueron mis
impresiones primeras. Sorpresa mayúscula, y ahora entenderán por
qué, cuando me descubro tarareando el single “My Girls”, que vale
tanto para moverse un rato en la pista como para cerrar los ojos y
dejarse mecer. Cierto. De nuevo, la paradoja. Y es que el disco
consigue este efecto: lo mismo te narcotiza que te hace mover el pie
dentro del calcetín. Luego, tras una semana de escuchas, empiezo a
tararear otros temas, o sea, tres cuartos de disco, y se lo pongo a
quienes creo que pueden apreciarlo. Pero una escucha, dos, cuatro no
son suficientes. Cúlpenme a mí. Este disco es como una de esas
flores que sólo se abren en un momento determinado. Y no podemos
estar sentados esperando a que ocurra. Así que ahora, tras el
coscorrón, toca revisión. De álbumes. Espero grandes hallazgos,
empezando por el que, a día de hoy, lean más arriba, me sigue
pareciendo infumable.
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