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Texto:
Ángel Muñoz
El
disco perfecto, en el momento adecuado para los de Sheffield. El
tercer disco de estudio de Turner y compañía confirma a la banda
definitivamente como lo que son: la banda más grande que ha dado
Inglaterra en lo que llevamos de siglo.
Arctic Monkeys están ya a la altura de los grandes grupos
ingleses de los 90, y de seguir por este camino, de entrar con
letras de oro en la historia del rock, ¿quién sabe lo que pueden dar
de sí en 20 años más? Están llamados a hacer historia, y la están
haciendo ya.
Arctic Monkeys ya hicieron historia desde su primer trabajo en 2006,
Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, con él
refrendaron algo que se estaba rumiando en la red, cómo cuatro
chicos sobrados de talento y con un puñado de buenas canciones se
pueden dar a conocer ellos solitos y llegar a ser un fenómeno de
masas sin pasar por ningún sello, sólo con el boca oreja digital.
Estamos hablando de hace sólo 3 años y parece que han pasado siglos,
ellos inauguraron el ahora casi imprescindible “fenómeno MySpace”.
Sus canciones rápidas y directas, trallazos de rock adolescente pero
con una calidad incontestable como “Dancing Shoes”, “A Certain
Romance” o “I Bet You Look Good On The Dancefloor” deslumbraron a
todos, como se suele decir, a crítica y público. Acostumbrados a un
ritmo frenético, tan solo en un año lanzaron su Favourite Worst
Nightmare, su segundo trabajo de estudio, más de lo mismo, la
misma fórmula, esta vez ya en manos de una discográfica, con sus
promociones, medios y compromisos. La misma fórmula pero con la
misma pegada y eficacia, “Do Me a Favour” es ya uno de los himnos de
principios de siglo.
Mientras tanto su cantante y líder indiscutible Alex Turner, llevaba
a cabo junto a su gran amigo Kane de The
Rascals un proyecto paralelo fantástico,
The Last Shadows Puppets con un
disco The Age of The Understandement, ya reseñado en
Plataforma 21, en el que parece increíble que se estuviese
escuchando a dos chavales de poco más de 20 años, no solo
derrochando talento, sino demostrando una cultura musical ingente,
bebiendo de las fuentes de la música francesa de los 60, del rock
épico y coral de los 70, a Bowie … canciones
sólidas y bien armadas, una voz completamente inédita en Turner, un
trabajo que realmente se distanciaba bastante de la órbita de Arctic
Monkeys.
Trabajo paralelo del líder de la banda, dos años de parón que en
estos chicos acostumbrados a una manera de trabajo realmente veloz
ha supuesto un periodo de reflexión y descanso, la entrada en escena
de Josh Homme, líder de The Queens of Stone
Age, como productor, junto con una producción paralela de
John Ford, con el que se grabó el trabajo de The Last Shadow Puppets,
una grabación a caballo entre los habituales RAK de Londres, NY y el
desierto de Mojave de la mano de Homme … todo prometía novedades
para el largo que normalmente supone un gran desafío para cualquier
banda, y el resultado ha superado todas las expectativas.
Humbug
es perfecto desde todos los puntos de vista. Incluye temas en la
más pura línea Arctic Monkeys, como “Crying Lighting” o “Dangerous
Animals”, rápidas y directas, pero ya mucho más armadas, con unos
riffs trabajados metódicamente. Pero en conjunto el trabajo deriva
hacia una importancia mucho mayor de la melodía, canciones densas,
con una base rítmica potente sobre las que se alza inmensa la voz de
Turner descubierta ya en su trabajo paralelo; guiños a la música
americana en la canción que abre el disco “My Propeller”, aires de
desierto y tributo a los Cream o
Jimmi Hendrix, de nuevo Turner
demuestra su cultura musical y cómo aplicarla a su obra. Carácter
británico revisando a Nick
Cave o a los propios Queen of The
Stone Age, posos de Smiths …
maravilloso. “Pretty Dancers”, “Dance Little Liar” o “The
Jeweller’s Hand” son auténticas joyas, canciones atemporales
llamadas a marcar un hito.
No
solo es uno de los imprescindibles del año, sino imprescindible en
sí mismo. Humbug no supone solo la confirmación de una banda
de éxito, sino algo más, la confirmación de una banda enorme,
magnífica, llamada a entrar con letras de oro en el olimpo del rock,
al que ya están tocando a sus puertas.
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