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Texto:
Marcos
Ripalda
Primera canción: “Zebra”. Me tienen. Y me digo: si el disco
las tiene parecidas, va a ser maravilloso. En efecto. Y las hay
hasta mejores. Según gustos, claro. “Take
Care”, por ejemplo, inmejorable cierre de un trabajo
sobresaliente. O sea, que no sobra (apenas) nada. Esto es lo
importante. Un disco de pop (casi) perfecto. Aun hoy. Con lo que ha
llovido. Es el pop que sueñas que haces. Bueno, que sueñan otros.
Ay, ellos que pueden. Si Animal Collective inyectaron al pop
de esta década psicodelia electrónica, ruiditos raros y coros
tribales pasados por The Beach Boys,
Victoria
Legrand y
Alex Scally,
de Baltimore, Estados Unidos, le ponen sensibilidad narcótica sobre
un lecho de tierno hojaldre. Un deleite de melodías
que pueden gustarle a los peques de la casa. Bienvenidos
The
Magnetic Fields en versión celestial (sí, aún más, sin
desmerecer a Merritt, que es un genio indiscutible). Tienen el
estribillo perfecto. Un inciso: me encanta lo que leo al respecto de
este disco: que percibes con su escucha “todas las fiestas de mañana
y la resaca de ninguna”. Sí, porque no duelen, no exigen esfuerzo o
formación previa, no tienes que haber recorrido un largo camino de
investigación (sic), de musculación del oído, para que nos
entendamos. Son perfectamente asimilables, pero no pasarán, intuyo,
del reducido circuito de esos enteraos entre los que abunda, conste,
el buen gusto y la pulserita festivalera de edición limitada. Sólo
tienes que poner el oído. Acariciarían, si se pudiera, el cielo. Si
crees en los ángeles, perfecto: se han materializado, les puedes
poner un rostro; si no crees, mejor: ya es hora de que creas,
infiel.
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