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Texto:
Marcos
Ripalda
He quedado prendado de este disco. No oigo otra cosa desde hace una
semana. Es un disco casi perfecto, una de esas rarezas que atesoran
canciones maravillosas. A partir de exquisitas relecturas de la
chanson y la música folklórica de Europa del Este, Zach Condon,
líder de la banda Beirut, firma un trabajo arriesgado, a
contracorriente. Y si su anterior disco resultaba repetitivo, su
segundo álbum posee una frescura que descubre gotas de rocío en cada
nueva escucha. Condon se contagia de los delirios balcánicos de
Goran Bregovic, del pop-mandolina de Stephen Merritt, de la épica
emocional de Perry Blake o The Divine Comedy. Melodías pegadizas,
divertidas, melancólicas, que le pegarían más a un enfant
terrible a la vuelta de todo, como Monsieur Gainsbourg, que a
Condon, jovencito que debe andar por los veintipocos.
En The Flying Club Cup ha colaborado Owen Pallett, miembro
del grupo Final Fantasy, cuyos arreglos de cuerdas son excelentes.
El último tema del disco, por cierto, me ha estremecido hoy.
www.beirutband.com
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