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Texto:
Ángel Muñoz
Se han hecho
esperar, pero la espera ha merecido la pena. Cuatro años han dejado
pasar los sevillanos Bombones para regalar a nuestros sentidos esta
joya luminosa, Diska.
Con su álbum
de debut, su homónimo Bombones, impactaron a crítica y a
público consiguiendo un ruido comparable a los primeros trabajos de
Sidonie o Deluxe. Pop bailable, fresco, divertido y luminoso, con
constantes guiños a los 70, y enlazando con una habilidad increíble
el pasado y el presente con el uso constante y acertado de arreglos
electrónicos. En este primer trabajo dejaron perlas de la talla de
“This guy is in love with you” con una entrada de hammond que me
cautivó en el Contepopranea del 2005 donde se utilizó como melodía
tras cada concierto, y que creo que merece, con el resto del
trabajo, ser considerado un clásico del pop de este comienzo de
siglo.
Con Diska,
siguen en la misma estela, pero con un cambio fundamental entre
otros menores, el paso del inglés al castellano, una tendencia que
hemos visto precisamente en grupos contemporáneos de los sevillanos
como los anteriormente mencionados Sidonie.
Más
psicodélicos, más rockeros, pero sin abandonar el pop fresco,
bailable y luminoso. Se ve la mano de Paco Loco en la producción, y
de todo su universo coincidente con el del grupo. Guiños a series
míticas de nuestra infancia, “Comando B”, a películas antiguas,
“Arsénico por Compasión”, a todo un mundo de cómics, a referencias
futuristas de los 70. Canciones siderales, matices bailables, voces
robóticas, láseres, patillas y ropas brillantes y ajustadas.
Este giro más
rockero, psicodélico y oscuro se disfruta en las enormes “Les
enfants”, el cuarto corte, una canción instrumental estupenda,
redonda, con toda la esencia Bombones; y en la séptima canción,
“Robots en Babylon”, el título ya dice mucho, y se pueden encontrar
influencias hasta de Iron Butterfly, desde luego el omnipresente
hammond a lo largo de la canción recuerda a los eternos acordes de
“In-A-Dagga-Da-Vida”. Esa es una de las mayores virtudes de
Bombones, no sólo traer de la mano revisando hasta nuestros días
ritmos de los 60, 70 y 80, sino conjugar perfectamente un abanico
amplísimo de influencias. Hay canciones, como “Pienso intoxicarme”
en la que sobre una base rítmica completamente New Wave, casi me
parece estar escuchando a Soup Dragons, se termina derivando hacia
una sección de viento elegantísima con la que podemos cerrar los
ojos e imaginarnos en el guateque de un apartamento en la Costa
Azul. Una maravilla.
Iridiscencias
lisérgicas, psicodelia, más oscuros, más maduros, pero igual de
frescos y divertidos, estos sevillanos han metido en un antro con
humo su corazón de guateque para que la Juventud siga bailando y
riendo sin parar.
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