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Texto:
Asier R.
De repente, en un intervalo breve de tiempo, la música de
un grupo empieza a rodearte, como por arte de magia, el azaroso
destino hace que veas el nombre de un grupo en varios sitios
distintos y por lo que sea, te llame la atención. Esta es mi
historia con Crippled Black Phoenix.
Hace su ya lejano año y pico, me llamó la atención la magnífica
portada de su grabación 200 Tons of Bad Luck. Miré y remiré,
pero soy timorato a la hora de comprar un disco sin una mínima
referencia, así que pasó al olvido durante un tiempo. Poco después
salió a la calle un disco tributo muy especial al que para abreviar
vamos a llamar We Are Only Riders. A los que amamos, a los
que nos vuela la cabeza la música de Gun Club, ver el nombre de
Jeffrey Lee Pierce mezclado con artistas de un talento mayúsculo
como son Nick Cave,
Mark Lanegan,
David E. Edwards,
The Sadies entremezclados nos
provocaba una excitación y unas expectativas difíciles de describir.
Hablar de ese álbum, al igual que el realizado en honor a Willie
Nelson o Jimmy Rodgers es harina de otro costal, solo diremos que en
él, nos encontrábamos con un grupo llamado
Crippled Black Phoenix. Las canciones que interpretaban
me parecieron sorprendentes y adictivas, especialmente la compartida
con el mencionado líder de 16 Horsepower
y Woven Hand y titulada “Just
Like a Mexican Love”. El caso es que me sonaba, ¿dónde había visto
yo ese nombre antes?… así que busqué y me encontré con esa
maravillosa portada.
Más o menos ese ha sido el contacto con este grupo. A
partir de ese momento me he metido en su mundo, bastante extraño
pero reconocible por sus múltiples influencias. Y cuando todavía
estaba disfrutando de su homérico álbum doble: The
Resurreccionist/Night Rider, que por medio de la compañía había
salido editado y minimizado en aquel 200 Tons of Bad Luck,
vuelven a la carga, vuelve a sonar su nombre con el de este I,
Vigilante.
Es muy emocionante hablar de un grupo y de un disco como
este. El álbum me sirve para resumir las mejores características de
ellos. Ellos mismos indican que en este caso, simplemente es un
adelanto, un EP, para su próximo disco del 2011, una especie de
juego. En parte, creo que es su disco más complaciente, el que menos
explora sus múltiples facetas, cosa que ocurría en su doble LP,
donde los tipos de sonido distintos (y también iguales) son de una
riqueza ante la que caes rendido. Aquí se han centrado
fundamentalmente en la parte más épica de su sonido y eso se refleja
hasta en las versiones realizadas.
¿Y cuales son estas? Pues “Of a Lifetime” de Journey y
“Burning Bridges” de la película conocida por estos lares como
Los Violentos de Kelly. Eso os da una idea del abanico imposible
que abarcan estos muchachos. Tanto la inclusión de Burning Bridges
como la introducción de “Bastogne Blues”, en la que se oye relatar a
un veterano de guerra la muerte de un soldado contrario muy a su
pesar en la 2ª Guerra Mundial (¿un sampler de la magnífica escena de
la película de Lynch, Straight Story?), me hace pensar que el E.P
gira a una temática alrededor de la guerra. Las introducciones a las
canciones a cargo de voces hipnóticas son algo muy del gusto de esta
banda y aquí no iba a ser algo distinto.
Otra de las características de este grupo, es la densidad
de las canciones y la duración de estas. Una de las razones, creo,
puede deberse a la cantidad de músicos implicados en esta formación.
Esto nos sirve para comentar que aquí se concentran componentes de
bandas para mi del todo desconocidas:
Electric Wizard, Iron
Monkey, Mogwai, …y
más, algunas de ellas provenientes del stoner, otras de la música
alternativa, otras del doom. Por eso, lo oído con este grupo me deja
absolutamente estupefacto al estar muchísimo más cercano a
Pink Floyd (una de sus
referencias básicas) u otras mil referencias antes que cualquier
sonido cercano al metal, por ejemplo.
El disco se abre con lo que pienso es la mejor canción, “Troublemaker”.
Por supuesto, comienza con introducción, entre instrumental, con un
diálogo, con cierto ambiente espacial. Y al poco rompen las
guitarras junto con el teclado sideral. A pesar de su duración, es
la canción más directa y sencilla. Para la gente que guste del puro
rock, es la ideal para introducirte con el grupo, a pesar del
inicial ambiente relajado, cualquier persona que deguste el sonido
de una guitarra slide, debe escuchar esta canción. En la parte
central, las voces y los numerosos sonidos de teclado y un muy
lejano violín da lugar tras un cambio de ritmo, a un apabullante
desarrollo de unos dos minutos en el que el protagonismo absoluto es
de la “bottleneck”, alcanzando cotas que solamente dejarían
indiferente a un calabacín. Solo de guitarra final, y languidez a
cargo de violín para cerrar. Por cierto, a la slide le acompañan
esos redobles de batería tan típicamente stoner rock que suelen
acompañar algunas de sus canciones.
“We Forgotten Who We Are” se inicia con pianos y violines,
el teclado da inicio propiamente a la canción, aún más extensa que
la anterior, acompañando constantemente al machacón riff de
guitarra. A pesar de que soy amante de las voces más roncas y crudas
como las de Gallagher, Lanegan o Patton, con CBP se me olvidan estos
prejuicios, creo que el fraseado, todo ligado, con el que abre,
hasta quedarse sin aliento es bueno, muy bueno, dando lugar a un
desarrollo de guitarras, esta vez más cercano a la música
alternativa, o a los cuelgues de Neil Young,
eso si, con un sonido menos característicos. La tormenta que era
acompañada con los zambombazos del batería, termina con las
virginales voces femeninas relajando la canción, hasta que un solo
de guitarra de sonido clásico vuelve a tensar la cuerda. Todo ellos
acompañado siempre con el repetitivo teclado de fondo. De repente se
corta y…
…el piano y el violoncelo vuelven a introducir, acabamos de
llegar a “Fantastic Justice” con cierto ritmo marcial a la batería.
A pesar de las diferencias entre canciones, algo nos dice que, los
desarrollos, las canciones tan largas, son un todo, conforman una
unidad, una canción de un solo título que podría ser el nombre “I,
Vigilante”. El fondo musical en este caso corre a cargo de una
sección de vientos que marca el estilo de la canción. Eso y las
voces de Joe Volk. Las guitarras dan la réplica pero están en un
segundo plano y es el piano el que va partiendo la canción.
Llegamos al final de las canciones propias con el ya
mencionado monólogo del veterano de guerra en “Bastogne Blues”,
acompañado de unos pitidos (¿de frecuencias de radio?). No aplican
todos los estilos que frecuentan, pero en esta canción lo dan todo.
Es grandilocuente pero mágica. Empieza con languidez, cantando como
en un susurro, el piano y los teclados ayudan a ese ambiente de
ensueño. La batería en el momento más contenido de todo el disco. El
despertar llega con el violín y el violoncelo, pero al principio es
tan solo un suave meneo, un primer aviso. Después estallan a lo
bestia, no en volumen, sino en emoción. Es sin duda, la canción
bella del álbum.
Después, las dos versiones mencionadas, de la cual me quedo
con “Burning Bridges” que me evoca a la música de los años sesenta y
que es absolutamente eufórica, dando un soplo final de aire a tus
oídos, pendientes de todo lo que ha estado sonando.
No suelo
escribir tanto sobre un disco pero este grupo me lo pide. En ellos
se confunden muchas influencias, no hemos mencionado a
Tom Waits, porque en este disco
no está presente pero si en Night Rider, o cualquier otro
grupo de rock progresivo. Creo que no es un grupo que guste a todo
el mundo, soy muy consciente de ello. De hecho diría que, o entras o
no y muchos verán canciones excesivamente largas o pretenciosas
donde otros vemos un auténtico viaje de emociones, pero bueno, así
es la música o así somos nosotros.
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