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CRIPPLED BLACK PHOENIX

I, Vigilante

 2010

 

Texto: Asier R.

 

De repente, en un intervalo breve de tiempo, la música de un grupo empieza a rodearte, como por arte de magia, el azaroso destino hace que veas el nombre de un grupo en varios sitios distintos y por lo que sea, te llame la atención. Esta es mi historia con Crippled Black Phoenix. Hace su ya lejano año y pico, me llamó la atención la magnífica portada de su grabación 200 Tons of Bad Luck. Miré y remiré, pero soy timorato a la hora de comprar un disco sin una mínima referencia, así que pasó al olvido durante un tiempo. Poco después salió a la calle un disco tributo muy especial al que para abreviar vamos a llamar We Are Only Riders. A los que amamos, a los que nos vuela la cabeza la música de Gun Club, ver el nombre de Jeffrey Lee Pierce mezclado con artistas de un talento mayúsculo como son Nick Cave, Mark Lanegan, David E. Edwards, The Sadies entremezclados nos provocaba una excitación y unas expectativas difíciles de describir. Hablar de ese álbum, al igual que el realizado en honor a Willie Nelson o Jimmy Rodgers es harina de otro costal, solo diremos que en él, nos encontrábamos con un grupo llamado Crippled Black Phoenix. Las canciones que interpretaban me parecieron sorprendentes y adictivas, especialmente la compartida con el mencionado líder de 16 Horsepower y Woven Hand y titulada “Just Like a Mexican Love”. El caso es que me sonaba, ¿dónde había visto yo ese nombre antes?… así que busqué y me encontré con esa maravillosa portada.

 

Más o menos ese ha sido el contacto con este grupo. A partir de ese momento me he metido en su mundo, bastante extraño pero reconocible por sus múltiples influencias. Y cuando todavía estaba disfrutando de su homérico álbum doble: The Resurreccionist/Night Rider, que por medio de la compañía había salido editado y minimizado en aquel 200 Tons of Bad Luck, vuelven a la carga, vuelve a sonar su nombre con el de este I, Vigilante.

 

Es muy emocionante hablar de un grupo y de un disco como este. El álbum me sirve para resumir las mejores características de ellos. Ellos mismos indican que en este caso, simplemente es un adelanto, un EP, para su próximo disco del 2011, una especie de juego. En parte, creo que es su disco más complaciente, el que menos explora sus múltiples facetas, cosa que ocurría en su doble LP, donde los tipos de sonido distintos (y también iguales) son de una riqueza ante la que caes rendido. Aquí se han centrado fundamentalmente en la parte más épica de su sonido y eso se refleja hasta en las versiones realizadas.

 

¿Y cuales son estas? Pues “Of a Lifetime” de Journey y “Burning Bridges” de la película conocida por estos lares como Los Violentos de Kelly. Eso os da una idea del abanico imposible que abarcan estos muchachos. Tanto la inclusión de Burning Bridges como la introducción de “Bastogne Blues”, en la que se oye relatar a un veterano de guerra la muerte de un soldado contrario muy a su pesar en la 2ª Guerra Mundial (¿un sampler de la magnífica escena de la película de Lynch, Straight Story?), me hace pensar que el E.P gira a una temática alrededor de la guerra. Las introducciones a las canciones a cargo de voces hipnóticas son algo muy del gusto de esta banda y aquí no iba a ser algo distinto.

 

Otra de las características de este grupo, es la densidad de las canciones y la duración de estas. Una de las razones, creo, puede deberse a la cantidad de músicos implicados en esta formación. Esto nos sirve para comentar que aquí se concentran componentes de bandas para mi del todo desconocidas: Electric Wizard, Iron Monkey, Mogwai, …y más, algunas de ellas provenientes del stoner, otras de la música alternativa, otras del doom. Por eso, lo oído con este grupo me deja absolutamente estupefacto al estar muchísimo más cercano a Pink Floyd (una de sus referencias básicas) u otras mil referencias antes que cualquier sonido cercano al metal, por ejemplo.

 

El disco se abre con lo que pienso es la mejor canción, “Troublemaker”. Por supuesto, comienza con introducción, entre instrumental, con un diálogo, con cierto ambiente espacial. Y al poco rompen las guitarras junto con el teclado sideral. A pesar de su duración, es la canción más directa y sencilla. Para la gente que guste del puro rock, es la ideal para introducirte con el grupo, a pesar del inicial ambiente relajado, cualquier persona que deguste el sonido de una guitarra slide, debe escuchar esta canción. En la parte central, las voces y los numerosos sonidos de teclado y un muy lejano violín da lugar tras un cambio de ritmo, a un apabullante desarrollo de unos dos minutos en el que el protagonismo absoluto es de la “bottleneck”, alcanzando cotas que solamente dejarían indiferente a un calabacín. Solo de guitarra final, y languidez a cargo de violín para cerrar. Por cierto, a la slide le acompañan esos redobles de batería tan típicamente stoner rock que suelen acompañar algunas de sus canciones.

 

“We Forgotten Who We Are” se inicia con pianos y violines, el teclado da inicio propiamente a la canción, aún más extensa que la anterior, acompañando constantemente al machacón riff de guitarra. A pesar de que soy amante de las voces más roncas y crudas como las de Gallagher, Lanegan o Patton, con CBP se me olvidan estos prejuicios, creo que el fraseado, todo ligado, con el que abre, hasta quedarse sin aliento es bueno, muy bueno, dando lugar a un desarrollo de guitarras, esta vez más cercano a la música alternativa, o a los cuelgues de Neil Young, eso si, con un sonido menos característicos. La tormenta que era acompañada con los zambombazos del batería, termina con las virginales voces femeninas relajando la canción, hasta que un solo de guitarra de sonido clásico vuelve a tensar la cuerda. Todo ellos acompañado siempre con el repetitivo teclado de fondo. De repente se corta y…

 

…el piano y el violoncelo vuelven a introducir, acabamos de llegar a “Fantastic Justice” con cierto ritmo marcial a la batería. A pesar de las diferencias entre canciones,  algo nos dice que, los desarrollos, las canciones tan largas, son un todo, conforman una unidad, una canción de un solo título que podría ser el nombre “I, Vigilante”. El fondo musical en este caso corre a cargo de una sección de vientos que marca el estilo de la canción. Eso y las voces de Joe Volk. Las guitarras dan la réplica pero están en un segundo plano y es el piano el que va partiendo la canción.

 

Llegamos al final de las canciones propias con el ya mencionado monólogo del veterano de guerra en “Bastogne Blues”, acompañado de unos pitidos (¿de frecuencias de radio?). No aplican todos los estilos que frecuentan, pero en esta canción lo dan todo. Es grandilocuente pero mágica. Empieza con languidez, cantando como en un susurro, el piano y los teclados ayudan a ese ambiente de ensueño. La batería en el momento más contenido de todo el disco. El despertar llega con el violín y el violoncelo, pero al principio es tan solo un suave meneo, un primer aviso. Después estallan a lo bestia, no en volumen, sino en emoción. Es sin duda, la canción bella del álbum.

 

Después, las dos versiones mencionadas, de la cual me quedo con “Burning Bridges” que me evoca a la música de los años sesenta y que es absolutamente eufórica, dando un soplo final de aire a tus oídos, pendientes de todo lo que ha estado sonando.

 

No suelo escribir tanto sobre un disco pero este grupo me lo pide. En ellos se confunden muchas influencias, no hemos mencionado a Tom Waits, porque en este disco no está presente pero si en Night Rider, o cualquier otro grupo de rock progresivo. Creo que no es un grupo que guste a todo el mundo, soy muy consciente de ello. De hecho diría que, o entras o no y muchos verán canciones excesivamente largas o pretenciosas donde otros vemos un auténtico viaje de emociones, pero bueno, así es la música o así somos nosotros.

 

 

 

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