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Texto:
Tomás Sendarrubias
Hacía ocho largos años que Cristina del Valle no se
acercaba a los mercados con un disco en solitario, y seis desde que
lo hizo con su última y breve asociación a Alberto Comesaña en un
último intento de traer de vuelta a Amistades Peligrosas con
un disco de escaso éxito, La Larga Espera, que vino sólo a
demostrar lo que ya el tiempo había dicho, que el momento de
Amistades Peligrosas había quedado atrás. Sin embargo,
después de ocho años, Cristina ha decidido volver a la palestra
musical, y lo ha hecho con el que puede considerarse su disco más
personal, Tiempos Rotos.
Atrás quedaron las canciones pop de temática sexual a las
que nos tenía acostumbrados durante sus andanzas en Amistades
Peligrosas, e incluso parece hacer un salto de caballo sobre su
segunda obra, Apuntes Generales del Mundo (2001), de modo que
Tiempos Rotos parece continuar directamente de la que fue su
primera obra en solitario después de la disolución de Amistades
Peligrosas, El Dios de las Pequeñas Cosas (1999). En
Tiempos Rotos, Cristina del Valle se aleja de estridencias
vocales o musicales, y construye un edificio intimista, centrado
sobre todo en las letras de sus canciones, lo que convierte este
disco en uno de esos que merece la pena sentarse para escuchar, para
asimilar y comprender los mensajes que Cristina quiere hacer llegar
en cada una de las piezas, obra de autores del calibre de
Jorge Drexler,
Coti o Esmeralda Grao.
Dentro de los diez temas que incluye el disco, hay varios
que merecen una atención especial, como el que abre y da nombre a
Tiempos Rotos, y que es una adaptación al castellano de la
conocidísima “Seven Seconds” de Neneh Cherry; pero aparte de
este detalle, quizá esta sea la canción más floja del disco, sobre
todo debido a que la traducción en algunos momentos está un poco
traída por los pelos. Mucho más positiva es la evaluación sobre “La
Frontera”, donde Cristina recurre a sonidos étnicos que ya
aparecieron en El Dios de las Pequeñas Cosas; o la
interesante versión que hace en “La Mora Judía” de la “Milonga del
Moro Judío” de Jorge Dréxler, una llamada a la paz y la convivencia
entre las religiones, tema que Cristina del Valle, activista por los
derechos de los palestinos y los saharauis ya ha tratado en sus
discos anteriores, y al que ha dedicado buena parte del tiempo que
ha permanecido lejos de los escenarios. Sobre el mismo tema gira
“Sara Saray”, canción en la que combina el árabe y el castellano
para realizar una triste canción de cuna sobre una niña muerta en
los enfrentamientos entre palestinos e israelíes. Y más ligero y
sorprendente es el tema que cierra el disco, “Agua”, escrito por
Toli Morilla y la propia Cristina del Valle y con la colaboración de
José Ángel Hevia, que toca la gaita y la flauta. Con “Agua”,
Cristina recupera, al igual que hizo en sus dos discos anteriores,
sus raíces asturianas, apelando a sonidos clásicos de la tierra del
Sella, aunque en esta ocasión, no recurre al bable como hizo en los
cierres de sus dos discos anteriores, con los temas “Romance la Pola”
o “Duérmete fiu del alma”, y nos canta en castellano una historia
casi mágica.
En resumen, Cristina del Valle ha vuelto con una obra
lamentablemente poco promocionada, pero cuidada y trabajada palabra
a palabra, una obra en la que habla de la convivencia entre pueblos
y géneros, en las que habla de romper fronteras y vivir con los que
son diferentes; lo que hace de Tiempos Rotos un disco que
merece la pena pararse a escuchar.
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