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DANIEL DARC

Amours Suprêmes

Mercury / Universal Imports, 2008

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Con su anterior álbum, Crève coeur (2004), me llevé un sorpresón. Yo, que nunca había viajado más allá de Brel, Gainsbourg o Dominique A, que, por cierto, los funde a todos en su particular chanson posmoderna, quedé prendado de los ritmos mínimos de este artesano del pop electrónico de baja intensidad.

 

Darc ha declarado que su álbum está dedicado a John Coltrane y su A Love Supreme, un clásico del jazz que me deja frío por sordera emocional. En la película The Commitments alguien define el jazz como música para estirados o similar, que de memoria no me pidan más. Y coincido plenamente con este juicio.

 

Darc, que lleva en esto de la música desde los setenta, fue punk y acompañó a ilustres, pero sólo desde su anterior álbum ha trascendido las fronteras francesas, aunque estando en Europa fronteras no las haya, entre ellos y nosotros, eso dicen. Sin desligarse de la música tradicional francesa, Darc, una especie de Scott Walker renacido y menos perturbador, al que le ha dado por componer operetas pop fantasmagóricas, discos difíciles de cojones, que ni pintados para las pajas mentales de críticos que ante el desconcierto tienden a alabar en exceso, brilla sin dificultar el acceso en una espléndida jornada de puertas abiertas.

 

Darc se permite decir una cursilada como “amours suprêmes” infinidad de veces en un mismo tema, algo que pintaría ridículo en español, por ejemplo, aunque para temas ridículos y letras ridículas sólo hay que echar un vistazo al patio. Y es que cada idioma tiene su tipo de canción. Fados en portugués. Delirios góticos en alemán. Sevillanas en español. Darc aprovecha lo bucólico del idioma, esos ronroneos que tanto le han dado a la Bruni, y trastea con teclados primitivos a la zaga de Young Marble Giants, que se apearon de la luna del minimal pop a principios de los noventa y vuelven este año. Darc busca ese acorde, ese sonido concreto sin engalanarlo de grandilocuencia y que lo estropea generalmente todo, excepto cuando te llamas Neil Hannon y lideras The Divine Comedy. ¿Será esto poschanson postpop? Suena a palomitas, eso sí.

 

Darc, ya está dicho, reconstruye, derriba, afianza, penaliza, descubre lagos de miniatura en pelusas de algodón, y le sale un álbum que irá directo al olvido sin un apoyo mediático adecuado. Atentos al tema “L.U.V.” (avec Alain Bashung).

 

 

 

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