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Texto:
Marcos
Ripalda
Con su anterior álbum, Crève coeur (2004), me llevé un
sorpresón. Yo, que nunca había viajado más allá de Brel, Gainsbourg
o Dominique A, que, por cierto, los funde a todos en su particular
chanson posmoderna, quedé prendado de los ritmos mínimos de
este artesano del pop electrónico de baja intensidad.
Darc ha declarado que su álbum está dedicado a John Coltrane y su
A Love Supreme, un clásico del jazz que me deja frío por sordera
emocional. En la película The Commitments
alguien define el jazz como música para estirados o similar, que de
memoria no me pidan más. Y coincido plenamente con este juicio.
Darc, que lleva en esto de la música desde los setenta, fue punk
y acompañó a ilustres, pero sólo desde su anterior álbum ha
trascendido las fronteras francesas, aunque estando en Europa
fronteras no las haya, entre ellos y nosotros, eso dicen. Sin
desligarse de la música tradicional francesa, Darc, una especie de
Scott Walker renacido y menos perturbador, al que le ha dado por
componer operetas pop fantasmagóricas, discos difíciles de cojones,
que ni pintados para las pajas mentales de críticos que ante el
desconcierto tienden a alabar en exceso, brilla sin dificultar el
acceso en una espléndida jornada de puertas abiertas.
Darc se permite decir una cursilada como “amours suprêmes” infinidad
de veces en un mismo tema, algo que pintaría ridículo en español,
por ejemplo, aunque para temas ridículos y letras ridículas sólo hay
que echar un vistazo al patio. Y es que cada idioma tiene su tipo de
canción. Fados en portugués. Delirios góticos en alemán. Sevillanas
en español. Darc aprovecha lo bucólico del idioma, esos ronroneos
que tanto le han dado a la Bruni, y trastea con teclados primitivos
a la zaga de Young Marble Giants, que se apearon de la luna del
minimal pop a principios de los noventa y vuelven este año. Darc
busca ese acorde, ese sonido concreto sin engalanarlo de
grandilocuencia y que lo estropea generalmente todo, excepto cuando
te llamas Neil Hannon y lideras The Divine Comedy. ¿Será esto
poschanson postpop? Suena a palomitas, eso sí.
Darc, ya está dicho, reconstruye, derriba, afianza, penaliza,
descubre lagos de miniatura en pelusas de algodón, y le sale un
álbum que irá directo al olvido sin un apoyo mediático adecuado.
Atentos al tema “L.U.V.” (avec Alain Bashung).
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