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Texto:
Ángel Muñoz
Ya comenté hace poco hablando de los estupendos
The Pains of Being Pure at Heart
que hay ciudades que conforman en sí mismas pequeños universos
sonoros, burbujas heterogéneas y eclécticas capaces de generar
movimientos musicales de dimensión mundial. Si en esa reseña
hablábamos de NY, hoy le toca el turno a Manchester, y a uno de los
grupos más talentosos surgidos de ese rincón gris e industrial de
UK: Doves.
Acción – reacción, o mejor dicho, acción – depresión u
oleaje – resaca. Después del terremoto del llamado “sonido
Manchester”,
la New Wave. De
toda su fuerza, su luz, su diversión, de sus sombras, su caída, sus
pasadas, sus muertes; después de la llamarada quedaron las cenizas,
y de las cenizas surgieron a lo largo y ancho de UK una serie de
grupos mucho más sosegados, que retomaban el gusto por un cierto
toque épico, por canciones melancólicas y preciosistas, con aderezos
electrónicos y vocación masiva. Devotos y herederos de los geniales
Radiohead tras el tsunami
clubbing de los 90. El máximo exponente tal vez por su deriva
multitudinaria y su carácter llenaestadios sería
Coldplay. Y el hermano bohemio
podría ser el conjunto de los hermanos Williams:
Doves.
Doves
no son en absoluto unos desconocidos para el gran público. Tras unos
coqueteos con la electrónica final de la escena house de Manchester
con su primer conjunto Sub Sub,
los hermanos Williams se refundaron en
Doves, y cambiaron totalmente el sonido de la banda al
mencionado pop melancólico e intimista, con algunos destellos de
rock, una palpable carga épica y letras brillantes e inteligentes.
Su primer disco de estudio Lost Souls fue un auténtico
bombazo, nominado a los premios Mercury, con tres singles
memorables: “The Cedar Room”, “Catch the Sun” y “The Plan Who Told
Everything”. Siguió dos años después el magnífico The Last
Broadcast. Años de éxitos en la estela de Coldplay y un álbum en
el que la fatiga se dejó notar tanto que más vale olvidar: Some
Cities, ¿quién dijo que la fama no cansa? Cuatro años de
silencio y recuperamos al hermano talentoso.
Realmente brillante, Kingdom of Rust supone un golpe
de timón, un pasar página para los mancunianos. Dan rienda suelta a
todo su talento sin ningún tipo de presión, de manera íntima, lejos
de los estadios y los focos, de las galas y el bullicio, escuchando
este Reino de Óxido se percibe esa paz, esa bruma de café recién
hecho detrás de unos cristales empapados.
Once cortes en los que Doves
vuelve a su carta fundacional y refuerza un sonido propio en el que
predomina esa melancolía otoñal e íntima, con cierta energía en
temas como “Winter Hill” o “Kingdom of Rust”. No renuncian a su vis
más electrónica recordando de donde vienen, con sutiles arreglos,
aderezos impecables e imprescindibles en “Jetstream” o toques
guitarreros en “10:03”. Muestran su lado más rockero en “House of
Mirror” o “The Outsiders”
Felicitémonos por el reencuentro, probablemente no tan
brillante como su debut, pero los hermanos Williams han salido de un
largo túnel encontrando la luz en forma del que tal vez sea su disco
más difícil y denso, pero de mayor calidad y talento. Uno de los
imprescindibles del 2009.
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