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Texto:
Ángel Muñoz
Tras cinco años de silencio llega el séptimo trabajo
de Fred Conorg, alias East River Pipe, maravilloso como siempre,
aunque por supuesto, desapercibido para casi todo el mundo. El
porqué de este largo silencio probablemente tenga un origen más
práctico que artístico, a pesar de contar con el reconocimiento
firme de gente como David Byrne o Lambchop, y de no tener nada que
envidiar a gente como Micah P. Hinson o Iron & Wine, Conorg no vive
ni muchísimo menos de la música, graba en su casa todos los
instrumentos y lo hace cuando puede, y por supuesto, no tenemos
noticias de giras ni conciertos. Por supuesto, ya lo habréis
adivinado, musicalmente Fred Conorg practica un folk rock triste y
desolador con unas instrumentaciones tan desnudas y básicas como
magistrales. Melodías tan precisas y preciosas como podría firmar
Jeff Tweedy, y sin embargo, el invierno helará las calles de su
Norfolk sin que sus escuchas sean capaces de calentar el
apartamento.
El problema no es vivir en habitaciones alquiladas,
el problema es no poder pagarlas, sentencia Fred Conorg. No es el
primero ni será el último que cante a la América de los sueños
rotos, pero él lo hace desde una perspectiva tan personal y
autobiográfica que apabulla, sabe de qué habla, él ha pasado por
todo tipo de adicciones, alcohol y drogas, y a diferencia de las
grandes estrellas, sin carísimas rehabs ni clínicas privadas, como
millones de norteamericanos, orgullosos patriotas parias de sus
propios elegidos, ha trabajado y trabaja en lo que puede para
pagarse una habitación, y nos traslada con una llaneza y un realismo
brutal a cualquier suburbio de cualquier urbe industrial del medio
este. Droga, paro, desencanto, amores de escalera, embarazos
adolescentes, asesinatos y un frío tan brutal en la habitación y en
el corazón que hace que el mono te vacíe el alma a tiros.
Sin embargo, se nota a Fred algo más alegre y
luminoso que en anteriores trabajos, tal vez haya mejorado su
situación y tenga un trabajo estable y haya superado su
drogadicción, tal vez haya salido con ayuda de su familia pero siga
escuchando los tiroteos y contemplando las esquinas de trapicheos
miserables a la sombra del desempleo. El caso es que ese puntito de
luz es lo que le faltaba para firmar un trabajo inmenso. El primer
corte, "Backroom Deals" promete, medios tiempos, un punto de épica
cotidiana, y su melancolía habitual, su voz lluviosa. Y promete
porque lo que sigue es una obra maestra. "Payback Time" es una de
las canciones más bonitas que he escuchado últimamente, simple y
contundente : preciosa. "When You Were Doing Cocaine" y "I Don't
Care About your Blue Wings" rezuman la elegancia de un crooner de
barrio y "Summer Boy" nos deja un maravilloso y onírico recuerdo de
cuando las cosas alguna vez fueron mejores.
Espero que esta reseña sirva para que la obra de Fred
Conorg consiga otro par más de adeptos. Se dice que es un cantautor
de culto, realmente porque es un loser con mala suerte y si no lo
conoce nadie no es por un romántico alejamiento del mundo, sino
solamente eso, por mala suerte, y sin embargo, es una suerte
conocerlo, un auténtico regalo para los oídos.
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