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Texto:
Ángel Muñoz
Ha
vuelto Mr. E y su banda, un nuevo regalo de Eels. Ha vuelto uno de
los más peculiares, talentosos y brillantes de los músicos que
pueblan el universo del folk rock americano, Mark Everett. Puede que
no sea su mejor trabajo, tal vez no cale tanto como su ”Novocaine
for the Soul”, tal vez no tenga las proporciones épicas de su
Blinking Lights and Other Revelations, tal vez no haya
sorprendido y alumbrado a un genio como A Man Called E o
marcado un hito en el camino de la melancolía eléctrica del desierto
como Souljacker, pero habrá un antes y un después en la
carrera de E tras la publicación de Hombre Lobo… y a mi me
encanta, me deslumbró desde la primera escucha y no me cansa.
Es
tan imposible que Mr. E se sacuda su pesimismo y su melancolía como
que haga algo mal con una guitarra o un teclado en la mano, y en
Hombre Lobo, sin ser un disco alegre desde luego, se ha desatado.
Melodías a las que nos tiene acostumbrados, completamente
deslumbrantes y efectivas en su sencillez, esa es la base, pero la
novedad es que este es de lejos su trabajo más visceral. Se ve que
el más barbudo de los genios del rock quería sangre fresca, “Fresh
Blood”, y se la ha concedido. Precisamente este corte, “Fresh Blood”
fue el single de su trabajo más sucio y ruidoso, más electrónico, y
la tarjeta de presentación de este Hombre Lobo, incluso
bailable en cualquier antro oscuro. Vicio y amaneceres cargados de
hiel en la costa oeste, 12 canciones de deseo salidas de las
entrañas, vomitadas tras una noche de exceso. El corte que inicia el
disco “Prizefighter” deja bien claras sus intenciones, blues básico
y eléctrico, sucio y salvaje, un ritmo básico y unas guitarras
desgarradoras sobre las que se imponen los gritos y aullidos de E
que conforman el estribillo. Por supuesto que algunos cortes como
“The Longing”, “That Look you Give That Guy” o “Lilac Breeze”
destilan el habitual pesimismo y la atmósfera densa y oscura a la
que nos tiene acostumbrados Everett, y sus letras ácidas e irónicas;
hay alguna canción lenta que realmente no encaja esta vez como “In
My Dreams” porque en conjunto el disco que alcanza su cenit como
declaración de intenciones de este cambio de rumbo en “Tremendous
Dynamite” es realmente apocalíptico.
Coincido en que tal vez no sea lo mejor de Mark Everett, pero si que
es su trabajo más salvaje, sucio y directo, y es imposible que deje
a nadie indiferente, por mi parte ya está entre mis favoritos del
año porque concediendo que es casi imposible que E haga algo mal
musicalmente hablando, creo que es su trabajo más sincero, y que tal
vez marque un cambio de rumbo diferente en la trayectoria del músico
de Virginia. ¿Habrá encontrado por fin Mr. E la luz entre el marasmo
vital que nos atrapa?
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