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EELS

Hombre Lobo, 12 songs of desire

Vagrant Records, 2009

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Ha vuelto Mr. E y su banda, un nuevo regalo de Eels. Ha vuelto uno de los más peculiares, talentosos y brillantes de los músicos que pueblan el universo del folk rock americano, Mark Everett. Puede que no sea su mejor trabajo, tal vez no cale tanto como su ”Novocaine for the Soul”, tal vez no tenga las proporciones épicas de su Blinking Lights and Other Revelations, tal vez no haya sorprendido y alumbrado a un genio como A Man Called E o marcado un hito en el camino de la melancolía eléctrica del desierto como Souljacker, pero habrá un antes y un después en la carrera de E tras la publicación de Hombre Lobo… y  a mi me encanta, me deslumbró desde la primera escucha y no me cansa.

 

Es tan imposible que Mr. E se sacuda su pesimismo y su melancolía como que haga algo mal con una guitarra o un teclado en la mano, y en Hombre Lobo, sin ser un disco alegre desde luego, se ha desatado. Melodías a las que nos tiene acostumbrados, completamente deslumbrantes y efectivas en su sencillez, esa es la base, pero la novedad es que este es de lejos su trabajo más visceral. Se ve que el más barbudo de los genios del rock quería sangre fresca, “Fresh Blood”, y se la ha concedido. Precisamente este corte, “Fresh Blood” fue el single de su trabajo más sucio y ruidoso, más electrónico, y la tarjeta de presentación de este Hombre Lobo, incluso bailable en cualquier antro oscuro. Vicio y amaneceres cargados de hiel en la costa oeste, 12 canciones de deseo salidas de las entrañas, vomitadas tras una noche de exceso. El corte que inicia el disco “Prizefighter” deja bien claras sus intenciones, blues básico y eléctrico, sucio y salvaje, un ritmo básico y unas guitarras desgarradoras sobre las que se imponen los gritos y aullidos de E que conforman el estribillo. Por supuesto que  algunos cortes como “The Longing”, “That Look you Give That Guy” o “Lilac Breeze” destilan el habitual pesimismo y la atmósfera densa y oscura a la que nos tiene acostumbrados Everett, y sus letras ácidas e irónicas; hay alguna canción lenta que realmente no encaja esta vez como “In My Dreams” porque en conjunto el disco que alcanza su cenit como declaración de intenciones de este cambio de rumbo en “Tremendous Dynamite” es realmente apocalíptico.

 

Coincido en que tal vez no sea lo mejor de Mark Everett, pero si que es su trabajo más salvaje, sucio y directo, y es imposible que deje a nadie indiferente, por mi parte ya está entre mis favoritos del año porque concediendo que es casi imposible que E haga algo mal musicalmente hablando, creo que es su trabajo más sincero, y que tal vez marque un cambio de rumbo diferente en la trayectoria del músico de Virginia. ¿Habrá encontrado por fin Mr. E la luz entre el marasmo vital que nos atrapa?

 

 

 

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