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Texto:
Juan Aguado
No son pocas
las veces que uno se pregunta si es realmente necesario un trabajo
más (con la consiguiente vuelta de tuerca) de uno de los artistas
que ya quizá haya hecho (y conseguido) todo lo que se puede,
musicalmente hablando, en esta vida.
Pero
suponiendo que exista un motor último, aparte del de meterse más
dólares en el bolsillo, Grohl ha juntado de nuevo a su banda (más la
reincorporación al combo de Pat Smear) en su garaje particular hecho
a sí mismo, convence a Butch Vig para ponerse tras las teclas y
voilà… ¿el resultado?
Pues bastante
interesante en parte, mucho mas de lo esperado tras los últimos
derroteros tomados por el triturador de chicle (o es que alguien
podía tomarse en serio In Your Honor, por ejemplo). Al menos
hay algo de desgarro emocional aderezado de éxtasis adrenalítico en
“Bridge Burning”, vuelta a los básicos en la intencionalmente
desordenada “White Limo”, no faltan los himnos de estadio como “Arlandria”,
“Back & Forth” o sobre todo la fantástica “Walk” que cierra el
disco, y no hay que olvidar una mención al reencuentro con el
antiguo compañero de fatigas Novoselic en “I Should Have Known”. El
resto del disco recae en los ciertos temas de relleno a los que nos
tiene más que acostumbrados.
Quedándonos
con la parte resultona, tanto por el sonido como por las canciones,
el séptimo disco de Dave Grohl nos deja un sabor de boca dulzón, que
no es poco.
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