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Texto:
Ángel Muñoz
Y las chicas seguirán bailando. Ya está aquí, después de
cuatro años casi, el tercer disco de los de Glasgow. En mi opinión
un magnífico disco de la banda británica más grande de
la década. Los únicos dignos supervivientes junto con Kaiser Chiefs de aquella gran
hornada de principios de la presente década que ahora ya rebasan la
treintena.
He leído muchas malas críticas del álbum. Más de lo mismo,
superficial, hedonista, errático, electrónico. Bueno, ¿y?. Parece
que en este debate, en mi opinión completamente hipócrita y en la
más clara línea hispana de tirar piedras al que tiene éxito, estamos
olvidando un axioma fundamental e indiscutible, algo que no puede
discutir de ninguna manera nadie que haya vibrado, saltado o gritado
en un concierto, ni nadie que alguna vez haya empuñado una guitarra:
más allá del arte y sin dejarlo aparte, el R’N’R es DIVERSIÓN. Todo
el movimiento punk surgió como una respuesta a un contexto social,
pero también musical en el que el rock estaba sumido en el marasmo
oscuro y mareante del rock sinfónico de finales de los 70. Un
trallazo de guitarra, un escupitajo a la cara, un flash de tres
minutos frente a las interminables e infumables canciones de media
hora con cientos de arreglos, instrumentos, coros … una guitarra, un
bajo y una batería, teenage riot y actitud …y así se han
parido muchas de las mejores canciones de la historia. ¿Que hacen lo
mismo? Acaso no llevan 30 años AC/DC haciéndolo y son Dios.
¿Erráticos? ¿Por qué? ¿porque han cambiado dos veces de productor
dentro del proceso de grabación? ¿porque han querido hacer su álbum
“africano”? Bueno, ¿acaso los mismísimos Stones no tuvieron su
periodo marroquí cuando volvió de allá Brian Jones? ¿no coquetearon
con la India los Beatles? ¿y alguien ha tenido la sacrílega osadía
de tildarles de erráticos? ¿Electrónico? Por Dios, unos discretos
arreglos, unas bases electrónicas que lo que aportan es aún más
ritmo. Y además qué pasa, que no se puede complementar una música
para cada situación, para cada estado de ánimo, parece que si
escuchas a Sigur Ros, no te pueden gustar Kaiser Chiefs, o que lo
que mola es un grupo finlandés que hace música atmosférica y vende
dos discos en su pueblo. Vamos hombre, podrán gustar o no, eso es
indudable, para gustos los colores, pero dejemos de ser tan
hipócritas y querer ser tan culturetas y gafapasta y mirarnos tanto
el ombligo sentando cátedra, y reconozcamos guste o no, que los de
Glasgow son un pedazo banda, y Tonight un disco, que sin
alcanzar tal vez el grado de novedad y sorpresa, de ritmo y
luminosidad del primero, es un gran disco.
Franz Ferdinand irrumpieron en el 2004 en el panorama
musical de las Islas Británicas terminando con el reinado del
orgullo de la clase media. Con la única pretensión de hacer bailar a
las chicas sacaron a la calle de paseo toda la diversión de las
fiestas del Chateau. Trajes de Dior, pose, hedonismo, y mucha mucha
diversión, la vida son tres días y dos hace nublado, para qué vamos
a encerrarnos en nuestro cuarto rumiando las penas.
Instrumentalmente limitados, rítmicamente arrolladores y un
terremoto en directo, el éxito cogió a los chicos de Kapranos con
las suficientes tablas y años para poder gestionarlo de tal manera
que han encontrado la fórmula infalible. Está claro que Tonight
no tiene la pegada de hits como “Jacqueline”, “Take Me Out” o “This
Fire”, pero en conjunto supera con mucho a You Could Have It so
Much Better, tal vez la débil réplica de su apabullante debut.
En Tonight, como digo, han encontrado la fórmula del éxito, y
tras cuatro años de silencio visten con una carcasa de arreglos
electrónicos sus inconfundibles ritmos. El single “Ulysses” es con
diferencia el peor que ha sacado el grupo, y una de las canciones
más flojitas del álbum, en donde estos arreglos más que prestar un
efectivo apoyo a la melodía, realmente apabullan en exceso. En otras
canciones como “Live Alone”, introducen un simpático ritmo muy en la
línea de mis celebrados Simian. El séptimo corte, “Bite Hard”
realmente me gusta mucho, en directo debe ser un cañón, es el más
sucio y guitarrero, junto con “What She Came For”, con un final
apoteósico. Realmente la más “africana” (incomprensiblemente he
leído reseñas tachándolo con este término en sus intenciones) en sus
ritmos es “Can’t Stop Feeling”, con unas extraños acompañamientos
electrónicos que en mi opinión sobran, restan pegada y la convierten
en una de las peores canciones de
la banda. Otras canciones como “Lucid Dreams” o “Katherine Kiss Me” son 100 % Franz,
muy buenas.
Concluyendo, ¿más de lo mismo? Sí, pero mejor; sí, pero es
lo que queremos. Un gran disco para pasar la noche bailando y
riendo, que es lo que estos cuatro chicos saben hacer mejor.
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