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Texto:
Ángel Muñoz
Pocas veces,
en mi opinión, la portada de un disco dice tanto del contenido; un
lobo salvaje enseñando los dientes en una resplandeciente mansión
blanca. Si el primer disco de Grinderman,
era una pasada, este me ha dejado con la boca abierta. El genio
áspero y bronco del australiano se separa un poco más del sonido
Bad Seeds en esta segunda
entrega de su proyecto paralelo y se desmelena revolcándose y
aullando sobre un sonido sucio y salvaje, que tiemblen las nuevas
generaciones con el puñetazo en la mesa de estos cuatro cincuentones
que rezuman la rabia de un chaval de 20 años, el oficio de 30 años
encima de las tablas y el genio de quien se sabe tocado por la
varita del rock and roll.
Grinderman
2
tiene bastante más personalidad que su predecesor en el que se
marcaba mucho más la influencia Bad Seeds, tanto por la contundencia
salvaje en temas como “Mickey Mouse And The Goodbye Man” como por la
experimentación en la maravillosa “Palaces Of Moctezuma” con un
rollo góspel y una cadencia de lo más sensual, una joya, o “Worm
Tamey”, presidida por el contundente bajo de Martyn P. Casey, tema
espeso y con un ritmo oscuro y fabril con tintes alemanes.
Desde luego,
el primer corte, el mencionado “Mickey Mouse And The Goodbye Man” es
una carta de presentación impecable para el espíritu del disco,
guitarras aceleradas y agudas rasgando el aire, la voz de Cave
gritando desmelenada y una potencia rítmica alucinante. Tras la
mencionada “Word Tamey”, el bajo de Casey sigue mandando en el
sinuoso tercer corte, la maravillosa e hipnótica “Heathen Child”. Y
así seguimos durante todo el disco, un zarpazo y un oscuro lametón
para curar la herida y tomar resuello, la aterciopelada “When My
Baby Comes” y la potente “Evil”, rincones para el puro blues pasado
por un tamiz eléctrico de “Kitchenette” y “Berlinger Blues” cerrando
el trabajo.
Sin duda una
genialidad. El proyecto paralelo de Nick Cave toma personalidad
propia, y gusta, vaya si gusta, en alguna entrevista le he leído
diciendo que aquí se siente más secundario y tal vez con menos
responsabilidad que sobre los Bad Seeds, donde tal vez están más
claras las cosas, pues desde luego, bienvenida esa libertad para
desmadrarse y para experimentar. Uno de los discos del año, pero
también uno de los discos de tu estantería. GENIAL.
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