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Texto:
Ángel Muñoz
Puede que este
disco ya tenga algún tiempo, desde luego, no es una novedad, pero
voy a hablar de él, y de su creadora, porque me parece uno de los
mejores discos del pasado año, de los mejores a nivel mundial.
Hafdis no es
una recién llegada, y en buena medida, repasando su trayectoria
vital, se podría considerar su debut en solitario, este Dirty
Paper Cup, como el alumbramiento perfecto de todo su bagaje
musical y vital, el ensamblaje ideal de todas sus influencias.
Como decía,
esta menuda islandesa no es para nada neófita en el mundo musical,
fue la única presencia femenina de Gus Gus, la numerosa banda de
nueve miembros surgida en el 95 en Reyjavik. A mediados de los
noventa la música islandesa estaba más de moda que nunca, tras la
eclosión de The Sugarcubes y el vuelo en solitario de la maravillosa
Björk, Reyjavik era un pequeño laboratorio donde se cocinaban
algunos de los experimentos musicales más interesantes del mundo, y
en buena medida, nunca han dejado de asombrarnos con las atmósferas
oníricas y etéreas de Sigur Ros, o los arriesgados saltos mortales
de la mencionada Björk. En este contexto apareció Gus Gus, un combo
ecléctico integrado por dos cineastas, un político, un programador,
un DJ...que se juntaron por casualidad en el rodaje de una película
y en 11 días parieron Polydistorsion, un disco genial,
rezumante de ritmos electrónicos, hipnóticos, ligeramente bailables,
y apoyado en unos videoclips deslumbrantes pusieron a crítica y
público a sus pies. Hafdis, con tan sólo 15 años, era la cálida voz
femenina de este auténtico fenómeno musical por lo extraño de su
concepción y su genialidad. Y tras este debut, el grupo se fue
desintegrando poco a poco, es muy difícil mantener unidas a nueve
personas si apenas relación anterior, y ascendidas a la cima de un
éxito tan arrollador. Hace no mucho, y reducidos a trío, han
publicado nuevo trabajo, cuando menos mediocre Forever. En el
99 le tocó el turno de volar a Hafdis.
En su Islandia
natal, parece que se olvidó un poco de la música volcándose más en
su faceta de actriz, interviniendo en varias series y películas.
Pero siempre tuvo en mente volver, y en 2006 se traslada a Londres
donde emprende varios proyectos y contacta con varios productores de
música electrónica como FC Kahuna o Ewan Pearson. Sin embargo,
Dirty Paper Cup toma otro camino diametralmente opuesto. Comencé
la reseña tildando este debut como la combinación de todas las
influencias en la vida de la artista. Hafdis ya tocaba a los cuatro
años, canciones folk, música coral, religiosa en el coro de la
iglesia, hizo teatro musical. Todo esto unido al clima islandés,
duro, frío, oscuro... marca. No quiso grabar hasta encontrar su
sonido, y con la producción de Neil McColl e Ivor Novello y extrañas
colaboraciones como Chris Corner de Sneaker Pimps o Jim Abbiss, el
productor de Arctic Monkeys, creó este álbum de debut repleto de pop
artesanal, dulce e íntimo, que fue galardonado como el Mejor Álbum
islandés del 2006 .
El álbum es
una maravilla de principio a fin, todo está en su justa dosis. Con
influencias y colaboradores tan dispares como los citados, y la
experiencia en un grupo de corte tan electrónico como Gus Gus, no
podía dejar de estar presente la electrónica, pero son bases tan
sólo como respaldo, discretas pero presentes y efectivas, manejadas
con maestría para pulir y perfeccionar temas frescos y alegres,
simples en apariencia, pero redondos en su composición.
El primer
corte, “Ski Jumper”, ya avanza lo que será el disco, pop alegre en
el que se recrea la voz dulce y cálida de Hafdis, que te hace
escuchar el disco con una sonrisa, con calma, pensando en lo genial
que puede ser la vida. Esa melodía fresca tiene su contrapunto en
unas letras retorcidas en las que la felicidad se nubla seduciendo
más aún si cabe al oyente. El disco prosigue hasta el tercer corte,
donde la electrónica como respaldo discreto pero necesario se hace
más patente, “Tomoko” en mi opinión, una de las mejores canciones
pop de los últimos años. En este recorrido de 13 canciones
deslumbrantes aguarda alguna extraña y agradable sorpresa como la
versión con un oukalele y un radiador nada menos del “Who Loves the
Sun” de la Velvet Undreground, un cover realmente magistral.
El último gran
talento islandés está preparando nuevos proyectos, no sabemos en qué
línea estarán sus futuros trabajos, pero en la espiral de
experimentación de la mayoría de músicos de la tierra del hielo,
pocas cosas defraudan, y en el caso de Hafdis Huld, seguro que no lo
harán.
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