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Texto:
Ángel Muñoz
Hablar de Harlem, es para mi
hablar de un género, o una manera de tocar y componer si se
prefiere, que me encanta, y que como en algunas ocasiones he dicho,
reúne concentrado en la corta edad del trío de Austin, la esencia de
todo esto del rock: diversión. Talento e inmediatez, rabia y pensar
poco las cosas. Inspirados en los Ramones más puros y con algunos
rastros de la música de la costa oeste, siguen la estela de
Black Lips,
Jacuzzi Boys y otras bandas que
están haciendo posible que se viva un auténtico revival del
garage más directo y tóxico.
No
he tenido ocasión de escuchar su primer álbum autoeditado, Free
Drugs (2008), pero después de la impresión que me ha dejado este
largo de debut con Matador, y lo que he leído acerca de él, no
tardaré en adjudicármelo. Hippies son 16 cortes sin trampa ni
cartón, ruidosos, divertidos, sin artificios ni producciones
recargadas, puro rock and roll sucio para no parar de saltar en
pequeños antros cargados de humo. Los tres primeros cortes, “Someday
Soon”, “Friendly Ghost” y “Spray Saint” dejan muy claras sus
intenciones y marcan la senda de los 13 restantes, y te enganchan de
tal manera que no se te pasará por la cabeza darle al pause hasta
que caigas rendido con la final “Poolside”. Aires algo más pop y
menos salvajes se dejan caer por “Be Your Baby”, ramalazo de tierno
adolescente en verano, y un regusto de rock vintage que deja claro
que hay talento de sobra para crecer y madurar por otros vericuetos
musicales se manifiesta en “Faces” o “Gay Human Bones”.
Michael Coomers, Curtis O’Mara y Jose Boyer:
Harlem. Verlos en directo tiene que ser toda una
experiencia que a los que pasamos el ecuador de la treintena nos
dará tal descarga endorfínica nostálgica que rebajaremos 20 años de
golpe y porrazo. Muy muy grandes, harán mucho ruido, espero, ya lo
están haciendo.
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