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Texto:
Ángel Muñoz
Para quitarse el sombrero y sacar pañuelos, oreja y vuelta al ruedo.
Desde luego, uno de los discos del año, realmente, un discazo.
Esto sí es fusión, como se llama ahora, pero de la buena. Yo no es
que sea muy flamenco ciertamente, pero tengo por este género el
mayor de los respetos, en él están representadas gran parte de
nuestras raíces como pueblo, y soy perfectamente consciente que es
algo muy difícil y muy serio, solamente al alcance de genios,
conocidos o anónimos, tocados con el duende; y pienso que pocos
géneros han sido tan mancillados, precisamente en nombre de la
“fusión”, flamenco chill, sintetizadores y bases electrónicas
desquiciadas a bordo de tunings, flamenco, cualquier cosa puede
llevar esta etiqueta. No.
Howe Gelb, el alma mater de Giant Sand, el genio de la voz
rota, se enamoró perdidamente durante una gira por España y se
acercó al flamenco con el mayor de los respetos. La historia de este
enamoramiento, de cómo conoció “La balada de Lole y Manuel” y de
cómo se acercó al enorme Raimundo Amador, es digna de ser
leída, recomiendo encarecidamente el artículo del parto de Alegrías,
y la entrevista a Raimundo por Miquel Serra en el Rockdelux de julio
– agosto. No ha sido meter unos arreglos flamencos a un disco de
blues, no, no es un disco ceñido a la mencionada “fusión”. Han sido
años, años de relación y de convivencia, de fiestas flamencas hasta
el amanecer, de arrancarse en la judería de Córdoba, de mutua
influencia, de empaparse del duende del flamenco, de su magia, de
amistad. Hasta que lo han grabado, han pasado años componiendo
temas, pero según Gelb, podrían pasar muchos más. Hace mucho que el
de Arizona va por libre, para regocijo de sus incondicionales y
expansión de su arte, y este trabajo ha sido solamente el
ofrecimiento al público del fruto del disfrute del americano en las
callejuelas de la judería, con ecos de guitarras y aromas de azahar.
El hermanamiento del sudeste de los USA y nuestra eterna ciudad
cordobesa.
Alegrías, maravillosa portada de Julio Romero de Torres a la sazón
antepasado de uno de los músicos de Raimundo, lo componen trece
temas por los que bajo la atenta mirada de Fernando Vacas, uno de
los principales hacedores del milagro, van desfilando desde Prin La
Lá a John Parish, todos colaborando con
la
Band Of Gipsies de Amador, deslumbrante.
El
disco realmente rezuma blues de frontera y toque Giant Sand por
todas partes, el toque flamenco es muy sutil pero palpable y en
algunos temas “Cowboys Boots on The Cobble Stone” o “Uneven Light Of
The Day” determinantes, si no se imponen llegan a ir en paralelo en
maravillosa armonía con el espíritu Gelb; el último corte, “One
Diner Town” es una deliciosa balada al piano y con guitarra
flamenca. A pesar de la maravilla de disco que tenemos en play, el
tercer corte, “The Ballad of Lole y Manuel” es, en mi opinión,
horrible, una letra espantosa con unos coros chirriantes, Howe, por
favor, no cantes en español!. El disco nos deja algunas rarezas como
“Broken Bird and The Ghost River”, de regusto setentero, o “Notoriety”,
aire puro de la frontera desértica de Arizona. Y la cumbre del
disco: “The Hangin Judge”, una épica densa aderezada con aires
flamencos, que vale todo el trabajo. Impagable.
Una auténtica maravilla. La historia de una amistad, que esperemos
que de más trabajos como este, ganas no les faltarán a ninguna de
las dos partes, al sudeste del desierto, al aire de azahar.
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