|
Texto:
Asier R.
“Juro por Dios
que voy a amarte
hasta el día en
que me muera
juro por Dios que
seremos una familia
pero supongo que
Dios, nunca escucha”
Así de tajante comienza una de las letras más jodidas que
he escuchado últimamente. Cantada con una voz rota y arrastrada, en
carne viva. Con la armónica aullando en los intervalos y los riffs
de guitarra sirviendo de telón de fondo de una letra inteligente,
dictada por algún demonio interior, ya sea imaginario o real. Es “I
Swear to God” la canción que abre este álbum.
Supongo que cuando el disco se llama “Sonidos de muerte” o
“Sonidos Mortuorios”, como se quiera, y el grupo viene a significar
en castellano “Puedo dar una paliza a cualquier hijoputa de esta
casa”, creo que la cosa es bastante descriptiva y definitoria de por
sí. Si además añadimos que el nombre del grupo está sacado de la
frase del boxeador John L. Sullivan, creo que la palabra que mejor
puede definir al grupo es lo que he dicho antes: descarnado.
Tenemos ante nosotros un tesoro, esa es mi sensación. La
sensación al escucharlo de honestidad. Me recuerdan al Steve Earle
que canta “CCNKMP”, con el corazón en la garganta, o al Mike Ness de
“Dope Fiend Blues”, otro que es capaz de erizarte los pelos del
cuerpo por lo que cuenta y la veracidad que desprende. Pues bien,
imaginad un disco que se compone de diez canciones de las cuales la
mitad te producen esa sensación pero que musicalmente están mucho
más cercanas a gente como Five Horse Johnson. Es inevitable,
la armónica está omnipresente a lo largo de toda la grabación. Una
armónica alucinada, un tipo con una voz que parece estar apurando su
último trago de whiskey en cada momento y unas guitarras menos
heavies que las de este grupo pero que alternan desde el rock sureño
más cafre, al country de tasca.
En el disco todo encaja como un guante, fluye sin darte
cuenta, cada canción es un más difícil todavía, en el que los
estribillos te invitan a gritar a sentirte parte de cualquiera que
sea el infierno que está viviendo Mike Daron, el cantante y
compositor. Pero no os esperéis algo deprimente porque la mayoría de
las veces su voz suena como algo rabioso, como si quisiese expulsar
algo de su cuerpo a través de la canciones. Ya sea una canción
trepidante como “Bad Days Ahead” como la reposada tensión de
“Postacards & Apologies” llena de guitarrazos y acompañada por una
huracanada armónica, todo en el disco transmite esa especie de
desesperación imposible de eliminar, que el dramatismo de “Montana”
termina por confirmar.
Absolutamente demoledor. No estoy seguro de porqué han
tardado seis años en editar nuevo disco pero sin duda con este
pedazo de corazón en forma de diez canciones, acaban de dejarnos con
la mandíbula desencajada y el alma encogida.
|