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I CAN LICK ANY SONOFABITCH IN THE HOUSE

The sounds of dying

Suburban Home, 2010

 

Texto: Asier R.

 

“Juro por Dios que voy a amarte

hasta el día en que me muera

juro por Dios que seremos una familia

pero supongo que Dios, nunca escucha”

 

Así de tajante comienza una de las letras más jodidas que he escuchado últimamente. Cantada con una voz rota y arrastrada, en carne viva. Con la armónica aullando en los intervalos y los riffs de guitarra sirviendo de telón de fondo de una letra inteligente, dictada por algún demonio interior, ya sea imaginario o real. Es “I Swear to God” la canción que abre este álbum.

 

Supongo que cuando el disco se llama “Sonidos de muerte” o “Sonidos Mortuorios”, como se quiera, y el grupo viene a significar en castellano “Puedo dar una paliza a cualquier hijoputa de esta casa”, creo que la cosa es bastante descriptiva y definitoria de por sí. Si además añadimos que el nombre del grupo está sacado de la frase del boxeador John L. Sullivan, creo que la palabra que mejor puede definir al grupo es lo que he dicho antes: descarnado.

 

Tenemos ante nosotros un tesoro, esa es mi sensación. La sensación al escucharlo de honestidad. Me recuerdan al Steve Earle que canta “CCNKMP”, con el corazón en la garganta, o al Mike Ness de “Dope Fiend Blues”, otro que es capaz de erizarte los pelos del cuerpo por lo que cuenta y la veracidad que desprende. Pues bien, imaginad un disco que se compone de diez canciones de las cuales la mitad te producen esa sensación pero que musicalmente están mucho más cercanas a gente como Five Horse Johnson. Es inevitable, la armónica está omnipresente a lo largo de toda la grabación. Una armónica alucinada, un tipo con una voz que parece estar apurando su último trago de whiskey en cada momento y unas guitarras menos heavies que las de este grupo pero que alternan desde el rock sureño más cafre, al country de tasca.

 

En el disco todo encaja como un guante, fluye sin darte cuenta, cada canción es un más difícil todavía, en el que los estribillos te invitan a gritar a sentirte parte de cualquiera que sea el infierno que está viviendo Mike Daron, el cantante y compositor. Pero no os esperéis algo deprimente porque la mayoría de las veces su voz suena como algo rabioso, como si quisiese expulsar algo de su cuerpo a través de la canciones. Ya sea una canción trepidante como “Bad Days Ahead” como la reposada tensión de “Postacards & Apologies” llena de guitarrazos y acompañada por una huracanada armónica, todo en el disco transmite esa especie de desesperación imposible de eliminar, que el dramatismo de “Montana” termina por confirmar.

 

Absolutamente demoledor. No estoy seguro de porqué han tardado seis años en editar nuevo disco pero sin duda con este pedazo de corazón en forma de diez canciones, acaban de dejarnos con la mandíbula desencajada y el alma encogida.

 

 

 

 

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