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Texto:
Asier R.
Hacía bastante tiempo que no me decidía a escribir sobre
ningún disco aunque tentaciones ha habido, pero admito que ninguna
tan fuerte como la que me ha hecho agarrarme una vez más a intentar
describir con palabras lo que solamente puede hacerse de otra forma.
Con todo y con esas, allá vamos.
Esta mujer o joven, se ha desmarcado con una pieza que es
una auténtica obra de exactitud artística. Desde mi ignorancia,
parezco asistir cada vez que escucho el disco a una especie de
teatro de títeres en la que yo soy la marioneta y
Jen Cloher es la encargada de
pulsar la cuerda que según la canción o dentro de la propia canción,
me provoque un sentimiento diferente, profundo y verdadero.
El disco tiene una de esas producciones prístinas que unida
a ese maleable pero consistente entramado de canciones, te consigue
sumergir en un estado de ánimo delicioso. Si no fuese porque estoy
todavía en ese momento de asombrarme cada vez que escucho las
canciones y dejarme llevar por ellas, supongo que podría intentar
destriparlas más a fondo. Aún así, no se me escapa el tremendo
poderío de esa voz. Y con ella vamos a empezar a comentar un poco de
qué va todo este álbum.
Jen, no tiene una voz especialmente original. No es una voz
desgarrada, castigada. Más valor alcanza, pues, cuando te das cuenta
de que lo tiene. Tiene ese sentimiento que te arrastra. Tal vez hay
algo hipnótico en ella. Algo que se transmite en línea directa hasta
tus oídos. Suavidad e imaginación creo que la definen pero también
algo que brota, difícil de describir. En el fondo, es la
protagonista del disco, por mucho que el álbum no sea en absoluto
parco en instrumentación. Y eso es una baza muy importante a su
favor cuando empiezas a absorber los ligeros aires que te traen los
violines a través de los árboles de “Time Among the Pines”, los
riffs de guitarras más machacones de “I Am Not Going But I´m Not
Gone”, la explosión de vientos con la que termina “Hidden Hands” o
el fantasmal sonido del serrucho de “I Must Come Trough” acompañando
a esos coros hipersensibles que se clavan y se vuelven a clavar.
Todo esto una pequeñísima (pero pequeña) muestra con la que debe
lidiar una voz, en el fondo, muy arropada por la música.
Por lo dicho anteriormente, por el embrión del disco (la
enfermedad, Alzheimer, que se llevó a su madre) se podría pensar en
el disco como algo oscuro o triste. Bueno, no veo oscuridad aquí. Y
está más cercano a la melancolía que a la tristeza pero cuando lo
oyes, más que cualquier otra cosa, te invade la sensación de que la
belleza es lo que impregna cada uno de los surcos de la obra. No una
belleza de quirófano, si no algo natural, ese detalle que te
encuentras a veces en la naturaleza y te hace pensar o simplemente
aleja tu mente en alguna dirección.
Y todo ello conseguido sin recargar con demasiada
instrumentación, evitando así la pomposidad. Salpicando con pequeños
detalles cada una de las canciones (sin excepción), ganando así en
capacidad de sorprender. Con cambios de ritmo continuos (lo de la
mencionada “I Am Not Going But I´m Not Gone” es para hacer un
estudio muy serio sobre la estructura de la canción) que le dan un
dinamismo que agiliza las canciones evitando cualquier sensación de
decaimiento.
Pero aún así, incluso en el momento más austero, voz y
guitarra, en “Time Among the Pines”, consigue sacarte de tu cuerpo
para flotar entre todas esas notas musicales esperando a ser
descubiertas.
Al fin, nueve canciones muy difíciles de describir.
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