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Texto:
Ángel Muñoz
Nada nuevo bajo el sol, para bien o para mal; y, bueno, nada nuevo
salvo un ligero cambio de orientación de la sombra de la palmera. El
segundo trabajo de Ana Fernández – Villaverde me parece un paso muy
sensato en una carrera muy cortita aún. Después del ciclón que
supuso Romancero, con la manida frase de éxito de crítica y
público sobre la mesa, la Bien Querida no se nos ha vuelto loca, y
no ha querido dar un giro copernicano y épico como muchos artistas
en la misma tesitura, ni quedarse en una segunda entrega copia de su
debut.
El cambio es sutil, apenas perceptible al principio del disco,
cuando “Noviembre” abre con unas palmas y un aire de austeridad
flamenca bien conocido, pero poco a poco van entrando arreglos
electrónicos, casi imperceptibles, discretos pero acertados, las
canciones siguen siendo casi desnudas para dar el protagonismo que
merecen las letras, en mi opinión lo mejor de La Bien Querida. La
producción de David Rodriguez, que ya estuviera al mando en
Romancero es magistral, artífice de este nuevo revestimiento que
cubre sin asfixiar, que no recarga y embellece, que se ancla en sus
principios estéticos y artísticos pero dando un paso al frente. Este
cambio se va haciendo más patente a medida que uno va pasando
canciones nota un aire más pop, más duro como en “Me quedo por aquí”
o “En el Hemisferio Asustral”. Hay hueco para las piruetas
experimentales, siempre con cautela y con acierto, como en “Queridos
Tamarindos” y su especie de aire tropical. Y también hay espacio
para redescubrir temas conocidos en versiones sorprendentes como la
saetera “Monte de Piedad”.
En resumen, un pasito más. Puede que no deslumbre, que no sea el
disco del año, ni lo pretende, solo quiere hacerse poco a poco un
hueco en tu corazón y tu estantería y que las irónicas historias
cotidianas de desamor de Ana Fernández – Villaverde, La Bien
Querida, te sigan regalando los oídos una vez más. Muy bueno.
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