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Texto:
Ángel Muñoz
Si
el lapso entre finales de 2008 y gran parte del 2009 fue en el pop
español tiempo de promesas (Klaus&Kinski,
Tempelton,
We Are Standard…) y medianías (Mamut)
salvo alguna notable excepción como la que fue 1999, una de
las cumbres ya del pop nacional, o El Incendio de
Sidonie, el 2010 viene fuerte. Esto
son palabras mayores, es como si de una Champions en la que se cuela
un Wolfsburgo, pasáramos a una Copa de Europa con el Madrid
galáctico, el Milán de los 90 y el Liverpool de Benítez. No es que
publiquen disco Tachenko, o
Maga, o el trabajo que nos ocupa, o
que Los Planetas nos vayan a sorprender con sus experimentos
flamencos, sino que todo lo escuchado no es que no defraude, sino
que demuestra la absoluta y definitiva consagración de toda una
generación desbordante de talento, todo es genial y definitivo.
Aplastante. Esto es jugar duro, no son medias tintas. Qué añada la
del 2010, y estamos en marzo.
Los chicos de
La Eliana han firmado su séptimo trabajo de estudio 12 años
después de aquel primer trabajo homónimo que sentaba las bases de lo
que eran capaces estos currantes del pop que siempre han perseguido
la perfección a base de trabajo y talento.
La Habitación
Roja posee una de la carreras más lineales, siempre de
manera ascendente, del panorama nacional, se han ido superando disco
a disco de manera clara, marcaron una cumbre con su Nuevos
Tiempos, y derivaron hacia una genial oscuridad con su anterior
trabajo Cuando ya no quede nada, una madurez pesimista,
lluviosa y lánguida jalonada de himnos como “Posidonia” o “Dirán que
todo fue un sueño”.
Universal
recupera la luz, vuelve la vista hacia su pasado y hacia los
postulados del pop más fresco y luminoso, pero revisándolo con un
gran oficio. Realmente es que no puedo parar ni de alabarlo ni de
escucharlo, y ciertamente me atrevería a decir que han firmado su
mejor trabajo. Se encuentran en un estado de forma impresionante,
son un Zidane en la cumbre, en la mejor edad, con fuelle y
veteranía. La voz de Jorge desgrana mejor que nunca sus historias
cotidianas de la treintena que avanza hacia los 40, con las que nos
identificamos tantos, declama esas letras de batallas y derrotas
mínimas y cálidas por frío que sea el sentimiento que podamos
encontrar en el fondo de un paquete de fideos chinos vacío sobre una
mesa junto a la catalítica mientras fuera llueve. Pau, Mark y Jose
le acompañan como un motor perfectamente engrasado, un maravilloso
pistón de melodías pop. “La noche se vuelve a encender”, “Hacia la
luz” o “Voy a hacerte recordar” ya deberían de figurar como himnos
para sus seguidores, y la canción obligada de cualquier festival de
este año: “Febrero” una auténtica joya acerca de cómo levantarse a
nuestras edades después de las tortas que da la vida.
Una de las joyas del año. Y este promete, vaya que si promete.
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