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Texto:
Ángel Muñoz
Aquí lo tenemos de nuevo, James Murphy, enorme, lo ha vuelto a
hacer. Es muy fácil apuntarse a las modas cuando están en marcha,
muy difícil crear la tendencia y sentar cátedra, y más difícil aún
mantenerse en la línea cuando todo cae. A principios de la década
James Murphy, pedazo de músico de éxito tardío y aire de crooner
entre neoyorquino y castizo, de tugurio cercano y amaneceres
elegantes, rompió con su grandísimo disco de debut homónimo poniendo
encima de la mesa la resurrección del funk de los setenta sobre
bases electrónicas revestido de una suave elegancia lounge en
ocasiones, en ocasiones con un salvajismo punk y siempre con una
actitud rockera orgullosa y elegante, divertida e irónica. Siempre
de la mano de su socio en DFA Tim Goldsworthy, crearon singles
impresionantes como “Give It Up” o “Losing My Edge”, que a mi me
sigue poniendo los pelos de punta casi diez años después, con su
ritmo hipnótico y James Murphy arrastrando su cascada voz cortando
trajes con sorna a todas las tendencias musicales del siglo. Muchas
bandas surgieron mezclando rock con electrónica, funk con bases
electrónicas, rabia punk con samplers, y churras con merinas. Pero
él estaba allí desde el principio, influyendo sobre todos ellos.
Unos años después Sound of Silver, seguía en la misma línea,
aunque bajaba un poco el pistón con temas algo insufribles por la
blandura que destilaban, en tierra de nadie, entre el pop y Frank
Sinatra, como “All My Friends” o “New York I Love You”, volvía a lo
que mejor sabe hacer con temas para no parar, contundentes,
brutales, sucios, ritmos negros de antros oscuros, letras sexuales,
irónicas, brillantes como “North American Scum” nos devolvían la fe
en cada salto.
Y ahora que parece que el rock vuelve a ser el protagonista; que
bajo, batería y guitarra rules, que
Fatboy Slim se dedica a hacer estupideces con
David Byrne y que ningún DJ
cobra un kilo por sesión, allí sigue él y unos pocos, ¿por qué?
porque solo los mejores son atemporales en su estilo, fuera de modas
y tendencias, porque tal vez nunca dejó de hacer rock and roll,
porque el funk nunca ha muerto, porque la electrónica, como nos
demuestra el Sonar año a año puede ser genial. Así es que sí,
This is happenig, está ocurriendo ahora, y no hay que
perdérselo. Y volvemos al axioma musculoso de su música, a las
letras golfas y divertidas y a no parar de mover de manera
repetitiva la cabeza con sus gloriosos y eternos bucles. Aunque
vuelve a algún devaneo de flojera acercándose a los temas ya
mencionados de Sound of Silver en “Can Change”, “You Wanted a
Hit” o “All I Want”, canciones como “Dance Yrself Clean”, “Drunk
Girls” o “Pow Pow” bastan para adelantar por la izquierda a su
anterior trabajo y firmar uno de los discos del año. Un disco
genial, y, atentos, porque parece que será el último de
LCD Soundsystem, en plan
trilogía, o eso al menos dice Murphy. Sería un broche de oro para
esperar sus futuros proyectos musicales, es lo que tienen los
genios, así es.
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