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Texto:
Ángel Muñoz
Todo un ejercicio de honestidad. Eso es lo que me parece el retorno
de este mítico cuarteto madrileño con el que crecimos toda una
generación.
Todos vuelven, desde las Spice Girls a los Hombres G, pero con
perdón de los posibles ofendidos, la mayoría de estos retornos se me
antojan enlatados, casi como el casting de una multinacional
para encontrar a los nuevos Take That. Cutres, como la gira de unos
Pistols arrastrados capitaneados por un sincero Rotten reconociendo
que volvían por la pasta. Trasnochadas como unos Hombres G ídolos de
jovencitas 20 años menores oyentes de radiofórmulas.
Pero que Coque, Ricardo y los Luises, decidan juntarse a ver qué
pasa tras un sentido y merecido homenaje, y tras un concierto
apoteósico en El Sol, y lo que pasa es que como si fueran unos
noveles sacan un EP con tan sólo cuatro canciones con Subtefuge y
que salgan a girarlo por todo el país, me parece un ejemplo de
honestidad y un retorno al germen de cualquier grupo de rock:
divertirse. Y que esto lo haga un grupo con tantas tablas y con
tantos himnos generacionales colocados en el subconsciente
colectivo como Los Ronaldos, me parece un lujo para sus seguidores
comparable a escala doméstica al único concierto de Led Zeppelin.
¿Y
qué hay sobre el EP? Pues a mi me encanta. Las cuatro canciones
entran como tiros y recuperan esa potente base rítmica, esas
guitarras stonianas y ese punto de gamberrismo que aporta la
voz de Coque para que recordemos esas noches en el Agapo de hace ya
tal vez demasiados años. Cerrando los ojos y escuchando el EP dan
ganas de sacar del armario mis viejas NB, ponerme la camiseta de los
Dead Kennedys, engrasar la NSR, y no hacer botellón, sino pillar unos litros de Mahou
Clásica en los billares del parque y correr a tomar unas copas en el
concierto Los Ronaldos de esta noche. Y esa es la principal virtud
de esta joyita, que “No puedo vivir sin ti” haya sido durante
semanas la canción más tarareada entre los jovencitos indies de mi
curro y que a los que pasamos la treintena nos den ganas de mover la
cabeza con una sonrisa. Y es lo que pasa de manera inequívoca cuando
a un talento sobradamente contrastado le añades un sincero buen
rollo y muchas ganas de divertirse de verdad, que las cosas
funcionan, y funcionan bien. |