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Texto:
Alberto Quesada Palma
Si no estás
familiarizado con el flamenco y oyes hablar de Miguel Poveda,
seguramente descubrirás que fue el ganador del Concurso de Cante de
las Minas de la Unión en 1992, que es un flamenco atípico, catalán
sin ascendencia andaluza ni gitana, y que además de cantar flamenco
se adentra con éxito en las aventuras más insospechadas, desde el
tango argentino hasta composiciones clásicas contemporáneas, pasando
por el cine de Vigas Luna. Sin embargo, hace ya unos años que a este
cantaor se le reconoce en mundo del flamenco como lo que es, una
gran figura del cante contemporáneo.
Su último CD,
Tierra de Calma, coincide con un momento de madurez y
plenitud interpretativa del cantaor que está logrando además el
triple salto mortal en el enrevesado mundo del flamenco: gustar a
los que no entienden y… maravillar a los aficionados de siempre. Sin
embargo, Tierra de Calma es un trabajo musicalmente
arriesgado que rompe con la tendencia actual de temitas
aflamencados, estribillos y coros, proponiendo un flamenco sobrio e
innovador al mismo tiempo.
Pero, ¡que no
se asusten los neófitos!, no es un disco inaccesible ni tampoco peca
de “puritanismo flamenco” mal entendido. En este disco escucharás
flamenco tradicional en la forma, pero profundamente rompedor en el
fondo. La mayor parte de los temas son composiciones propias de Juan
Carlos Romero, guitarrista que comparte el protagonismo de la obra.
Se trata de un lenguaje flamenco innovador que transita por el
difícil sendero de la calidad musical, demostrando además que esta
última no está reñida con la parte más desenfadada del flamenco (el
que lo dude que escuche la bulería interpretada junto al jerezano
Diego Carrasco).
En definitiva,
exceptuando los tangos que abren el disco, inferiores al resto de la
obra, se trata de un trabajo de gran calidad que debería gustar
tanto a los aficionados al género como a cualquiera que tenga el
oído mínimamente acostumbrado a cualquier música de cierta entidad.
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