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NACHO UMBERT Y LA COMPAÑÍA

Ay...

Acuarela, 2010

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Mi camello musical ha encontrado el disco anterior de Nacho Umbert, Adiós. De cuando hacía slowcore patrio con el grupo Paperhouse, allá por el año 1996. Pero como aún no está en mis manos ni lo he oído (aunque lo he buscado sin éxito para bajarlo ilegalmente), me limitaré a hablar de Ay…, adquirido, por cierto, en formato CD por un servidor, al leer una muy favorable reseña de RockDeLux. Lo primero: contiene unas letras fantásticas. Lo segundo: sin una voz maravillosa, se agradece que Nacho no caiga en el tontismo, que es a lo que se tiende habitualmente, y se marque un disco de cantautor moderno (sin lo peyorativo) que pica del pop y del folk con pinceladas post. Sí, la frase anterior tiene tela.

 

Tras 14 años de silencio, Umbert, sospecho, tenía algo que decir. Y lo dice estupendamente. Es irónico, gracioso, tierno, fresco, agudo y podría seguir acumulando adjetivos un par de líneas más, cosa que no haré para no aburrir, aun a riesgo de no definir al personaje en su totalidad. Eso sí, hay poco espacio para la felicidad y mucho para el amor. Leo en la web que las canciones de este trabajo son “10 cuentos cortos, diez pinceladas”. Y no puedo estar más de acuerdo. Contando con la producción de Raúl Fernández, Refree, que, según sus propias palabras, quería que algo acústico, que sonora como “alguien cantando en el salón de tu casa”. Los arreglos orquestales han sobrepasado en buena medida la intención inicial, obvio, pero la esencia ha permanecido intacta.

 

El disco, digámoslo ya, no tiene canciones malas, ni regulares ni de relleno. Todas son notables, aunque tres, en mi opinión, alcanzan la excelencia. “Colorete y quitasueño”, que va sobre maricas, disfraces, noches y envidias y no deja títere con cabeza; “La verdad es que me da igual”, que es un himno contra la indiferencia y el derrumbe de una pareja. Y la joya de la corona, “Prét à porter”, que describe con versos como dardos una procesión, la de San Juan, y consigue con el sutil y bellísimo acompañamiento de lo procesional trascender lo puramente religioso y adentrarse en las aguas movedizas de los ritos, costumbres y días de guardar. “Ay, ayy, mamá/ Ay qué emoción/ ya sale la banda municipal/ suenan redobles, son los tambores y las trompetas de San Juan”. Una delicia. Y, además, se parece en el tono de la voz a Miguel Bosé, que, conste, antes de auparse como papito, hizo discos memorables como Bajo el signo de Caín o el sobresaliente XXX, que contiene una de las perlas del pop contemporáneo español, “Jonás y la ballena”. Les invito a que lo comprueben.

 

 

 

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