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Texto:
Marcos
Ripalda
Mi camello musical ha encontrado el disco anterior de Nacho
Umbert, Adiós. De cuando hacía slowcore patrio con el
grupo Paperhouse, allá por el
año 1996. Pero como aún no está en mis manos ni lo he oído (aunque
lo he buscado sin éxito para bajarlo ilegalmente), me limitaré a
hablar de Ay…, adquirido, por cierto, en formato CD por un
servidor, al leer una muy favorable reseña de RockDeLux. Lo primero:
contiene unas letras fantásticas. Lo segundo: sin una voz
maravillosa, se agradece que Nacho no caiga en el tontismo,
que es a lo que se tiende habitualmente, y se marque un disco de
cantautor moderno (sin lo peyorativo) que pica del pop y del folk
con pinceladas post. Sí, la frase anterior tiene tela.
Tras 14 años de silencio, Umbert, sospecho, tenía algo que
decir. Y lo dice estupendamente. Es irónico, gracioso, tierno,
fresco, agudo y podría seguir acumulando adjetivos un par de líneas
más, cosa que no haré para no aburrir, aun a riesgo de no definir al
personaje en su totalidad. Eso sí, hay poco espacio para la
felicidad y mucho para el amor. Leo en la web que las canciones de
este trabajo son “10 cuentos cortos, diez pinceladas”. Y no puedo
estar más de acuerdo. Contando con la producción de Raúl Fernández,
Refree, que, según sus propias
palabras, quería que algo acústico, que sonora como “alguien
cantando en el salón de tu casa”. Los arreglos orquestales han
sobrepasado en buena medida la intención inicial, obvio, pero la
esencia ha permanecido intacta.
El disco, digámoslo ya, no tiene canciones malas, ni
regulares ni de relleno. Todas son notables, aunque tres, en mi
opinión, alcanzan la excelencia. “Colorete y quitasueño”, que va
sobre maricas, disfraces, noches y envidias y no deja títere con
cabeza; “La verdad es que me da igual”, que es un himno contra la
indiferencia y el derrumbe de una pareja. Y la joya de la corona,
“Prét à porter”, que describe con versos como dardos una procesión,
la de San Juan, y consigue con el sutil y bellísimo acompañamiento
de lo procesional trascender lo puramente religioso y adentrarse en
las aguas movedizas de los ritos, costumbres y días de guardar. “Ay,
ayy, mamá/ Ay qué emoción/ ya sale la banda municipal/ suenan
redobles, son los tambores y las trompetas de San Juan”. Una
delicia. Y, además, se parece en el tono de la voz a
Miguel Bosé, que, conste, antes
de auparse como papito, hizo discos memorables como Bajo
el signo de Caín o el sobresaliente XXX, que contiene una
de las perlas del pop contemporáneo español, “Jonás y la ballena”.
Les invito a que lo comprueben.
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