| |
Texto:
Ángel Muñoz
Seguimos de enhorabuena, séptimo trabajo de otro de los grandes de
la escena indie española, Niños Mutantes. Por mi parte una de las
bandas que más simpatía me inspira, son unos auténticos
supervivientes de aquella hornada indie de los 90, escribir sobre
ellos me hace recordar a Paco Loco, a Lagartija Nick, a los primeros
Espárrago Rock, a los primeros Benicassim, a
la Sala Maravillas,
a la escena granadina, al Xixon Sound, para los que llegamos tarde a
la Movida, para los que nacimos a mediados de los 70, para
los que los 80 fueron nuestra niñez y no nuestra seña de identidad,
esa fue nuestra movida particular, mientras se consolidaba el grunge,
aquí comenzábamos a disfrutar de las canciones oscuras de Niños
Mutantes; hace unos años “Ayer (canción alemana)” formó de tal
manera parte de mi banda sonora que creo que el CD del EP Nuevas
Conversaciones en el Simca se quedó metido ni sé los meses en la
cadena. Así es que por mi parte no puedo más que acercarme con una
sonrisa a cualquier nuevo trabajo de los chicos de Miguel Haro.
Niños Mutantes no sorprenden con este séptimo trabajo, ¿para qué?,
ellos son maestros en lo suyo, se encuentran cómodos con los medios
tiempos, los shoegazes poderosos, las guitarras hipnóticas y las
letras tristes; puede que sea una tontería, ya que no tienen
realmente ningún parecido, pero hace años no podía dejar de pensar
en Joy Division cada vez que le daba al play, tan oscuros y densos.
En este trabajo la gran diferencia son las letras y el punto que le
dan unas guitarras algo más lúcidas y que cobran más protagonismo
destacándose más que en otros discos sobre el muro de sonido. Se nos
han hecho mayores, como todos, y la tristeza de sus textos ya no
tienen que ver con angustias juveniles sino con problemas adultos,
con la soledad de los peter pan de cuarentaytantos, “Errante”, con
lo caro que sale equivocarse en una decisión a estas alturas, “Días
Complicados” con la monotonía del trabajo, la sucesión gris de los
días con la única recompensa de la supervivencia, “Las chicas en
bikini”, el vacío existencial siempre presente en su carrera, “Las
Noches de Insomnio”; y una bonita cancioncilla, alegre pero
melancólica como no podía ser de otra manera, dedicada a su hijo “Mi
Niño no quiere dormir” en la que me hace tanta gracia la estrofa :
“…y no quiere oírme cantar, no le gustan mis canciones, dicen que
son siempre tristes, y tiene razón”, ya se sabe que los niños
siempre dicen la verdad.
Las Noches de Insomnio es un gran disco, con cada trabajo los de Granada siguen
ahondando en su esencia, música sincera, de una calidad
incontestable, honesta, directa y oscura. A mi me encantan, y creo
que a cualquiera que se quiera acercar a ellos, Las Noches de
Insomnio también le encantará y terminará calentándose con El
Sol de Invierno. Una banda imprescindible.
|