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Texto:
Ángel Muñoz
Uno de los títulos más desafortunados que he visto, para
uno de los trabajos más superficiales de uno de los grupos más
inflados y tal vez más perezosos que he conocido.
Los chicos de Thomas Mars han tenido la gran suerte de
estar siempre en el momento oportuno en el sitio adecuado. Tienen
talento y el olfato suficiente para hacer lo que se espera de ellos
y agradar a quien deben, y eso basta.
Phoenix
surgió a finales de los 90, en la misma hornada que grupazos de
compatriotas suyos como Air o
Daft Punk, y la crítica
enseguida les puso la etiqueta bobalicona de “grupo francés que
parece inglés” tan solo porque han practicado un pop muy sugerente y
elegante, con ciertos toques electrónicos y acompañado por la
estupenda voz, eso sí, de Thomas Mars. Su primer disco contenía el
éxito “Too Young” incluido en la BSO de Lost in Traslation,
no sólo eso, sino que el propio Mars tuvo lo suyo con Sofia Coppola,
y parece que todo lo que toca la niña del gran Francis Ford ya se
sabe que se convierte en oro. Este éxito supuso el fichaje por una
multinacional y la grabación de Alphabetical, acompañado de
grandes giras y, en trayectoria siempre ascendente, terminar
haciendo cumbre con su pelotazo mundial It’s Never Been Like That.
Para mi, el problema es de matices, tal vez ligeros pero
importantes. Un gran grupo, en su cuarto disco, termina consiguiendo
un sonido propio, y tal vez incluso un sonido que influya a otras
bandas; un grupo mediocre no tiene sonido propio, fotocopia sus
discos una vez que consigue dar con el resorte que gusta a su
público. AC/DC o Sonic Youth por citar a dos grandes, llevan décadas
haciendo lo mismo, pero no es “lo mismo”, ese es el matiz, ligero
pero imprescindible. La palabra para definir a Wolfgang Amadeus
Phoenix es monótono. Y como dirían los geniales
Love of Lesbian: “no tienes
fondo”. Pasaba con el anterior. Mola, la verdad es que sí, pero al
igual que hay discos que cuestan trabajo, que ganan con cada
escucha, y ese es su valor, descubres auténticos tesoros, hay otros
trabajos que al revés, deslumbran, pero a medida que lo escuchas ves
que son como un decorado de cine, no hay nada detrás. Y talento no
les falta, lo demuestran precisamente en las canciones
“experimentales”, en las que se salen del guión que se han marcado.
It’s Never Been Like That contenía una joya instrumental, de
tan repetitiva, hipnótica y muy evocadora: “North”; el resto del
disco contenía temas muy bailables, pelotazos para dar botes super
pegadizos como “Napoleon Says”, pero que a las cuatro escuchas
cansaban. Lo mismo ocurre con el trabajo que nos ocupa.
Tiene un gran tema en dos partes: “Love Like a Sunset”
realmente muy bueno. Pero después volvemos a lo mismo, cortes como
“Lasso”, “Girlfriend” o “Lisztmania” (podríamos casi incluir todas
las del disco) vuelven una y otra vez sobre las misma fórmula de
manera machacona, son fotocopias una de la otra, de un disco a otro.
Molan, te tomas una copa mientras las escuchas, das unos botes en un
concierto… y ya. Y es lo que más rabia da de estos cuatro chicos de
Versalles, son buenos, pero para qué quieres hacer más. Si eres
moderno y cultureta, sofisticado y elegante, guapo y rockero, si las
niñas bailan con tus canciones, si sabes dónde se esconde la receta
del éxito y cómo conseguirla… eso mismo. Wolfgang Amadeus Phoenix…
el acompañamiento ideal para una cena de verano.
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