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PHOENIX

Wolfgang Amadeus Phoenix

Virgin, 2009

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Uno de los títulos más desafortunados que he visto, para uno de los trabajos más superficiales de uno de los grupos más inflados y tal vez más perezosos que he conocido.

 

Los chicos de Thomas Mars han tenido la gran suerte de estar siempre en el momento oportuno en el sitio adecuado. Tienen talento y el olfato suficiente para hacer lo que se espera de ellos y agradar a quien deben, y eso basta.

 

Phoenix surgió a finales de los 90, en la misma hornada que grupazos de compatriotas suyos como Air o Daft Punk, y la crítica enseguida les puso la etiqueta bobalicona de “grupo francés que parece inglés” tan solo porque han practicado un pop muy sugerente y elegante, con ciertos toques electrónicos y acompañado por la estupenda voz, eso sí, de Thomas Mars. Su primer disco contenía el éxito “Too Young” incluido en la BSO de Lost in Traslation, no sólo eso, sino que el propio Mars tuvo lo suyo con Sofia Coppola, y parece que todo lo que toca la niña del gran Francis Ford ya se sabe que se convierte en oro. Este éxito supuso el fichaje por una multinacional y la grabación de Alphabetical, acompañado de grandes giras y, en trayectoria siempre ascendente, terminar haciendo cumbre con su pelotazo mundial It’s Never Been Like That.

 

Para mi, el problema es de matices, tal vez ligeros pero importantes. Un gran grupo, en su cuarto disco, termina consiguiendo un sonido propio, y tal vez incluso un sonido que influya a otras bandas; un grupo mediocre no tiene sonido propio, fotocopia sus discos una vez que consigue dar con el resorte que gusta a su público. AC/DC o Sonic Youth por citar a dos grandes, llevan décadas haciendo lo mismo, pero no es “lo mismo”, ese es el matiz, ligero pero imprescindible. La palabra para definir a Wolfgang Amadeus Phoenix es monótono. Y como dirían los geniales Love of Lesbian: “no tienes fondo”. Pasaba con el anterior. Mola, la verdad es que sí, pero al igual que hay discos que cuestan trabajo, que ganan con cada escucha, y ese es su valor, descubres auténticos tesoros, hay otros trabajos que al revés, deslumbran, pero a medida que lo escuchas ves que son como un decorado de cine, no hay nada detrás. Y talento no les falta, lo demuestran precisamente en las canciones “experimentales”, en las que se salen del guión que se han marcado. It’s Never Been Like That contenía una joya instrumental, de tan repetitiva, hipnótica y muy evocadora: “North”;  el resto del disco contenía temas muy bailables, pelotazos para dar botes super pegadizos como “Napoleon Says”, pero que a las cuatro escuchas cansaban. Lo mismo ocurre con el trabajo que nos ocupa.

 

Tiene un gran tema en dos partes: “Love Like a Sunset” realmente muy bueno. Pero después volvemos a lo mismo, cortes como “Lasso”, “Girlfriend” o “Lisztmania” (podríamos casi incluir todas las del disco) vuelven una y otra vez sobre las misma fórmula de manera machacona, son fotocopias una de la otra, de un disco a otro. Molan, te tomas una copa mientras las escuchas, das unos botes en un concierto… y ya. Y es lo que más rabia da de estos cuatro chicos de Versalles, son buenos, pero para qué quieres hacer más. Si eres moderno y cultureta, sofisticado y elegante, guapo y rockero, si las niñas bailan con tus canciones, si sabes dónde se esconde la receta del éxito y cómo conseguirla… eso mismo. Wolfgang Amadeus Phoenix… el acompañamiento ideal para una cena de verano.

 

 

 

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