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Texto:
Ángel Muñoz
Puede que no sea del todo objetivo hablando de uno de los cinco o
seis artistas que más espacio ocupan en mi iPod, lo que da idea de
mi grado de admiración por la obra de Polly Jean Harvey, que desde
aquel lejano Dry me deslumbró y no ha dejado de hacerlo disco
tras disco.
Creo que con Let England Shake ha firmado una de sus obras
cumbre y nos ha entregado un trabajo absolutamente imprescindible.
Sé que esta entrega ha "confundido" a muchos acérrimos seguidores de
la de Dorset, desde luego no es un disco muy PJ, no hay voces
desgarradas, no hay guitarras al filo, y la tensión eléctrica a la
que nos tiene acostumbrados se torna en un profundo ejercicio de
preciosismo musical y prosa desnuda y deslumbrante. No me atrevería
a decir que es su trabajo más personal, tal vez no alcance tampoco
las cotas de Stories From The City, Stories From The Sea,
pero sí pienso que es el disco que nace de la más profunda reflexión
tras un análisis crítico del entorno que la rodea, ¿y qué entorno
hay más genérico que tu propio país? PJ contempla como su Inglaterra
de la mano de sus antiguas colonias sigue manteniendo en medio mundo
una postura beligerante e intervencionista añorante de un pasado
imperial y embobada en su pretérita grandeza reflejada en su secular
patriotismo, o patrioterismo, según se mire. PJ lee, estudia,
analiza, comprende y desmenuza ese pasado y este presente y nos
regala un fresco maravilloso de la historia militar y política de la
gran Inglaterra, su Beautiful England.
Sí, no suena a PJ, pero su voz suena más profunda, más sedosa y más
madura que nunca. Todo el disco es un viaje por paisajes reposados
con tintes épicos, un viaje por praderas bélicas y bellos amaneceres
tras la batalla. Solamente deja entrever unas notas de su
acostumbrada energía en la maravillosa “The Last Living Rose”, una
de las mejores canciones del disco y, para mí, ya uno de sus
clásicos. “All and Everyone” e “In The Dark Places” son dos temas en
los que la densidad melódica y lírica van in crescendo alcanzando
unas cotas de intensidad épica difícilmente superables. Juega con
curiosos arreglos como la inclusión de instrumentos militares en
“The Glorious Land” y unos discretos toques electrónicos en “Written
On The Forehead”.
Una delicia de disco, maduro, épico, interesante, reposado, como una
copa de buen vino contemplando la campiña inglesa en otoño. Para
convencer a los escépticos y reforzar a los leales.
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