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PORTISHEAD

Third

Mercury / Island, 2008

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Las alabanzas cosechadas por este disco son sospechosas. Lo mismo le ocurre al último trabajo de The Magnetic Fields, que es decentito, qué duda cabe, pero ninguna maravilla. Tómenlo con calma. Porque Third es un disco al que hay que dedicarle tiempo, sí, y fuera de comparaciones, cosa difícil, con el excepcional debut del trío, Dummy (1994), no pasaría la prueba del algodón. Que hay calidad es indudable. Pero la casa, primero, por los cimientos, y luego ya veremos si queremos ponerle el tejado.

 

Se viene hablando tras la publicación de este álbum de la muerte definitiva del trip-hop y yo ni entro ni salgo, pero grupitos que han cogido y siguen cogiendo las enseñanzas de grupos como Massive Attack, Tricky, Morcheeba y otros tantos hay unos cuantos. Miren a Burial, si no. Loops, baterías sinuosas, drones, calma calmita, narcosis melódica, un buen porro y a seguir tumbados, que la posición horizontal es la que más conviene al hombre y la que menos a su salud, “homo asientus”.  Downtempo. Más etiquetas. Se trata de estar a la última.

 

Vamos a ver. Primer tema: “Silence”. La baraja se abre y pintan bien las cartas. Cinematografía lynchiana. Luego le dan al pedal con “Hunter” y como van en triciclo se quedan en la cuesta. Y les pasan coches y camiones. Con “Nylon Smile” y “The Rip” la voz de Beth Gibbons se hace alfiler y ya eres un hamster en su rueda. La prescindible “Plastic” nos hace acordarnos de los camiones y del triciclo, ay. Le siguen “We Carry On”, un interesante experimento de chumba-chumba generacional, y “Deep Water”, un capricho acústico de 1:39 de duración, que no desentonaría en un capítulo de Tiny Toons. “Machine Gun” es un buen ejemplo de cómo estropear una canción que iba bien encaminada hasta que la electrónica les cegó. Me salto “Small”, que es perfecta como cara B del último trabajo de PJ Harvey. Y llegamos al corte que para un servidor, a pesar de los intentos por destrozarla con esos chirridos que la sacuden, es el mejor del disco, “Magic Doors”. Cierra el álbum la inquietante “Threads”, que me hace soñar con junglas de cemento donde el último hombre vivo es realmente el último.

 

 

 

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