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Texto:
Marcos
Ripalda
Las alabanzas cosechadas por este disco son sospechosas. Lo mismo le
ocurre al último trabajo de The Magnetic Fields, que es decentito,
qué duda cabe, pero ninguna maravilla. Tómenlo con calma. Porque
Third es un disco al que hay que dedicarle tiempo, sí, y fuera
de comparaciones, cosa difícil, con el excepcional debut del trío,
Dummy (1994), no pasaría la prueba del algodón. Que hay
calidad es indudable. Pero la casa, primero, por los cimientos, y
luego ya veremos si queremos ponerle el tejado.
Se viene hablando tras la publicación de este álbum de la muerte
definitiva del trip-hop y yo ni entro ni salgo, pero grupitos
que han cogido y siguen cogiendo las enseñanzas de grupos como
Massive Attack, Tricky, Morcheeba y otros tantos hay unos cuantos.
Miren a Burial, si no. Loops, baterías sinuosas, drones,
calma calmita, narcosis melódica, un buen porro y a seguir tumbados,
que la posición horizontal es la que más conviene al hombre y la que
menos a su salud, “homo asientus”. Downtempo. Más etiquetas.
Se trata de estar a la última.
Vamos a ver. Primer tema: “Silence”. La baraja se abre y pintan bien
las cartas. Cinematografía lynchiana. Luego le dan al pedal
con “Hunter” y como van en triciclo se quedan en la cuesta. Y les
pasan coches y camiones. Con “Nylon Smile” y “The Rip” la voz de
Beth Gibbons se hace alfiler y ya eres un hamster en su rueda. La
prescindible “Plastic” nos hace acordarnos de los camiones y del
triciclo, ay. Le siguen “We Carry On”, un interesante experimento de
chumba-chumba generacional, y “Deep Water”, un capricho acústico de
1:39 de duración, que no desentonaría en un capítulo de Tiny Toons.
“Machine Gun” es un buen ejemplo de cómo estropear una canción que
iba bien encaminada hasta que la electrónica les cegó. Me salto “Small”,
que es perfecta como cara B del último trabajo de PJ Harvey. Y
llegamos al corte que para un servidor, a pesar de los intentos por
destrozarla con esos chirridos que la sacuden, es el mejor del
disco, “Magic Doors”. Cierra el álbum la inquietante “Threads”, que
me hace soñar con junglas de cemento donde el último hombre vivo es
realmente el último.
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