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Texto:
Ángel Muñoz
Ya
está aquí El Incendio, el esperadísimo sexto disco de estudio
de Sidonie, y el segundo de su
era mainstream tras la estela de
La
Costa Azul.
Uno que es fan incondicional del trío barcelonés desde que me dejase
con la boca abierta aquel Dragonfly en mi querido siglo 21 de
Radio 3 hace ya casi diez años, no sabe bien qué pensar
escuchándolo. Y no me refiero a la impresión del disco, que es lo
que nos ocupa y que enseguida abordaremos; un disco, adelanto de un
perfecto rock and roll, un pop impecable y casi aséptico, redondo en
cierta manera, sino a la reflexión sobre la carrera de Marc Ros,
Axel Pi y Jesús Senra, Sidonie, que además de ser una de las bandas
con más talento y pegada del panorama español, se me han revelado
como uno de los grupos con su trayectoria más clara, más
inteligentes.
Como digo mucho ha llovido desde aquellas melodías lisérgicas y
deslumbrantes, luminosas y vaporosas del Dragonfly y de
Sidonie. Con el paso de Bip Bip
a Sony y su Shell Kids comenzó a cimentarse el largo camino
hacia el baño de multitudes y el éxito que merecen. Siempre se han
vanagloriado de tocar la música que les gusta, Shell Kids
contenía melodías más rockeras, menos luminosas, de un pop más
maduro, tuvo un par de pelotazos como aquel “On The Sofa”, recogida
como sintonía por un programa nacional deportivo de radio,
imagínense. Fascinado fue una maravilla, su paso al
castellano para llegar a más gente, con joyas como “Bohéme”, de lo
mejor que han hecho. Lejos ya aquella psicodelia cercana a los
amaneceres más canallas en Goa, ahondan en su vena rockera, puliendo
un estilo propio deudor de clásicos como
Bowie o Pink Floyd
pero con una pátina personal inconfundible. Este fue el punto de
inflexión. Y no sé qué pensar,
La Costa
Azul
supuso un pequeño fiasco en el asalto al podio de los 40
Principales, aunque a sus incondicionales nos encantase. Es
imposible que sea malo, pero flojeaba en su propósito, tal vez era
demasiado intencionado, para el trío catalán había llegado el
momento de la “consagración” con todo lo que ello conlleva. Uno no
sabe qué pensar, supongo que algún acérrimo indie gafapasta, talibán
de la subcultura se rasgará las vestiduras ante este trabajo, gira
con El Canto de El Loco,
promoción salvaje de la maquinaría de Sony, pelotazo en las listas
de las radiofórmulas … a mi también se me clava una espinita, tal
vez de miedo, de ver como grupos como Love
Of Lesbian hacen tan buenos trabajos en la “sombra” de la
minoría desde hace décadas, y como otros muchos eran tan buenos en
ese lado y cómo han flojeado en el lado mayoritario. Pero por otra
parte les dan sopas con honda a toda la lista española de la
radiofórmula del número de colorines, y a gran parte de la
extranjera, con lo cual también siento un prurito de orgullo, los
chicos han dado el paso y son tan buenos que se lo merecen, a por
ellos, y que tiemble Dani Martín y compañía, Pereza y sus aviones y
todo tipo de Orejas, Cantos y Sueños.
Analizando ya por fin El Incendio, se nota ese propósito de
enmienda de
La Costa
Azul.
Es menos original, pero mucho mejor. Sabían la senda que tenían que
seguir, y la han recorrido, y lo han hecho muy bien. Un puñado de
canciones, puro rock and roll en castellano, con el grueso de letras
cantando al amor, y derrochando el talento y chulería de costumbre:
somos buenos, muy buenos, y lo vamos a demostrar. Y vaya si lo hacen
porque tocando palos que antes casi ni se intuían se salen en los
matices que aplican a las canciones: aires de frontera, casi puro
mariachi en “A la Vera del Mar”, rancheras en “Al Viento”, y lo que
más me gusta, ese rockabilly, ese pedal y esos regustos country de
“Nueva York”. Eso sí, a mi personalmente me encantan las que más me
recuerdan a algún tiempo pasado, los dos primeros cortes, “El
Incendio” (qué grande el hammond incendiado, sólo a ellos les podía
pasar) y “La Sombra”. Un disco perfecto, para todos los públicos
diríamos, cada canción puede ser un hit. Son muy muy buenos y han
parido un disco casi perfecto, para lo bueno y para lo malo. Un hito
en su carrera, que ahora veremos qué derroteros tomará.
Espero que no terminasen siendo los U2 españoles sobrados de talento
y faltos de imaginación, con legiones de fieles esperando en cada
concierto que toquen los temas de hace diez años, aunque desde
luego, les deseo todo lo mejor y ojalá terminasen llenando en Camp
Nou dos días seguidos. Y es que la ambición puede ser un monstruo
que devore el talento, y ojalá no les de el zarpazo. Mientras tanto
aún podemos disfrutar de su gran punto fuerte, sus maravillosos
directos, de manera improvisada en alguna noche veraniega
menorquina. Todavía se lo pueden permitir.
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