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SONIC YOUTH

The Eternal

Matador Records, 2009

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Eterno, pocas veces un título de un disco define tan bien no solo el contenido del mismo, sino la trayectoria de la banda que lo crea. Conciso y certero: The Eternal.

 

Poco hay que añadir sobre Sonic Youth. Dejando aparte mis gustos personales entre los que por supuesto están en mi olimpo musical Kim Gordon, Thruston Moore, Lee Ranaldo y Steve Shelley, y en lugar preeminente, objetivamente hay que descubrirse ante la grandeza y frescura de los neoyorquinos. Pocos conjuntos con 30 años de carrera a sus espaldas pueden sacarse un disco como The Eternal de la manga, dando una lección de cómo hacer las cosas. Siguen siendo los reyes.

 

Es prácticamente imposible que estos señores saquen disco malo. Han influido como pocos en toda una generación en todo un estilo. Ellos siguen a lo suyo, se han instalado en un sonido tan propio y reconocible a la vez que genial que no pasan los años, ellos llevan su propio ritmo. Grupos como Magik Markers les han seguido la estela de manera notable, muchos les han imitado y sobre muchos más han dejado su impronta. Nadie les llega ni a la altura de los zapatos. Si bien es cierto que han tenido momentos no de declive, sino de experimentación sonora tan radical que muchas aves de rapiña de la crítica musical aprovecharon para darlos por enterrados, ellos vuelven siempre a la carga con joyas como este trabajo que nos ocupa. Queda ya lejano 1982 en el que sorprendieron al mundo con una distorsión brutal que envolvía melodías exquisitas, pop vestido de ruido, noise. Lo inventaron y nadie les ha podido seguir.

 

The Eternal nos reencuentra con el sonido más accesible de Sonic Youth. Destellos punk y frescura juvenil con el oficio y maestría que dan 30 años sobre los escenarios a tan altísimo nivel. Parece que después de décadas en Geffen, el salto a la independencia de la mano del legendario sello Matador les ha sentado muy bien, y nos han regalado esta perla que conecta directamente con aquel Dirty que marcó una de las cumbres musicales de los 90 con canciones tan míticas como “100%”o “Youth Against The Fascism”. Creo que en la línea de Dirty, no ha habido ningún trabajo de los neoyoquinos que raye  a la altura de The Eternal. Dejan de lado las experimentaciones a las que se entregan de tanto en tanto y facturan un  trabajo que engancha desde la primera canción, “Sacred Trickster”, sencillamente brutal, la voz de Kim casi declamando entre los zumbidos guitarreros de Thruston. Una pasada. El disco enamora, tal vez enganche a alguien que no los conozca con la primera escucha, seguro que repesca a algún desertor de su trabajo, y a sus fieles nos dará la paz después de caminar por farragosos paisajes sonoros que ha costado digerir aún vislumbrando su genialidad entre los pedales. Es el postre, es una maravilla. “Anti-Orgasm” aporta la experimentación que de cualquier modo nunca puede faltar, seis minutos viscerales e intensos que suponiendo el segundo corte, dan paso al resto del disco, y al reencuentro con los 90, al goce inmediato. Todas las canciones son excelsas, pero como en todo, cada uno tiene sus favoritas : “Antenna” y “Malibu Gas Station” me parecen dos canciones merecedoras de estar ya entre las mejores del grupo, una melodía delicada sobre una guitarras con el sonido acostumbrado pero que hacía tiempo que no sonaban tan luminosas; un manejo académico de los tiempos creando una atmósfera tranquila acompañada de un muro de sonido tan sólido como solo ellos saben. Son realmente canciones preciosas, esa es realmente su definición.

 

Por mi parte, ya tengo disco del 2009. Y reconozco en The Eternal uno de los mejores trabajos de Sonic Youth, con todo lo que eso supone en un grupo de su trayectoria, que una banda pueda firmar uno de sus mejores trabajos 30 años después de su formación dice mucho, lo dice todo, una lección de rock and roll, de frescura y genialidad. Los viejos rockeros no solo nunca mueren, sino que en el caso de esta gente, miran por el retrovisor a los recién llegados con una sonrisa de desdén. Grandes no, inmensos.

 

 

 

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