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Texto:
Marcos
Ripalda
¿Por qué Oasis y
Blur han vendido y seguirán vendiendo tantos discos? Está claro que
los primeros tienen canciones memorables y que los segundos, además,
tienen un disco sobresaliente, Parklife (1994). ¿Por qué,
entonces, Spoon, que no son precisamente unos principiantes, y que
hacen un pop musculoso de calidad, chulesco, que van sobraos,
vamos, no están en la lista de superventas? Porque lo que diga la
crítica, amigo, es otro cantar. Que valorados están, pero, ay, con
las cifras de ventas hemos topado. Imagino que será cuestión de
marketing y entrevistas en programas infantiles, como hace Paulina
Rubio, y mucha MTV España, o sea, y mucho bombardeo, en suma, desde
todos los frentes. Y rapidito, querido, que no estamos para
encariñarnos con nadie, que este mes tienen que salir tropecientos
mil discos nuevos, y venga, que llegamos tarde, y yo con estos
pelos.
El sexto trabajo
de la banda de Austin, Texas, tras el notable Gimme Fiction
(2005), no se despeña tras un comienzo prometedor, no, todo lo
contrario, porque entre el ritmo mueve el pie es imposible pararlo
ay qué me pasa, y el desparpajo en la voz de Britt Daniel, ay,
muévete ya, ay, y esas guitarras retro y esa trompeta que se cuela,
y ya sabemos lo difícil que es hacerlo bien, ay, pues qué te voy a
contar, que un disco con ese título, a medio camino entre el pop con
pedigrí de The Charlatans y los pasotes de ácido de los Happy
Mondays más bellacos, hay que echarle ganas, pero te aseguro, ay,
que lo dejarás en reproducción continua. Entre lo mejor del año, sin
duda.
Veamos. Póngase
la aguja sobre el surco de la quinta canción, “Rhythm & Soul”. Y
nada de ponerlo bajito. Caña al equipo, aunque no sea de marca.
Ritmo y alma, sí. Mucho ritmo. Que no que no que el pie se me va, sí
señor, y al alma que le den. Here comes the man, yeah!
www.spoontheband.com
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