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THE FELICE BROTHERS

Yonder is the Clock

Team Love, 2009

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Es muy curioso reflexionar sobre cómo lo que somos viene de lo que fuimos, de cómo los sucesos históricos afectan a todas las sociedades actuales en mayor medida de la que nos pensamos. Como la sociedad europea de bienestar, con todo lo malo y todo lo bueno, tendría los orígenes históricos de sus garantías en una sociedad de gremios que derivó en la burguesía, que se organizó en clases protegiéndose entre ellos. Leyes, fueros, revoluciones, Maquiavelo, Spinoza… siglos de evolución y: Europa tal y como la conocemos. Del otro lado del Atlántico, un inabarcable territorio que conquistar. Unas pocas colonias y toda la escoria europea abriéndose paso a sangre y fuego hacia el oeste, defendiendo su terruño, arañando su espacio, luchando por su supervivencia, intentando mejorar la vida de mierda que dejaron miles de kilómetros atrás. Un país levantado sobre sangre, unas leyes fundamentales redactadas sobre pólvora, un país nuevo, joven, virgen, una democracia perfecta, y un liberalismo atroz derivado de esa conquista, cada uno hizo lo que pudo, nadie los ayudó a construir esa gran nación. El sueño americano, para lo bueno y para lo malo. El sueño americano lleno de juguetes rotos, de basura blanca, de odios raciales y de ilusiones de neón alimentadas en un Walmart.

 

La banda sonora de ese centro de América, de esos villorrios de chapa que motean carreteras infinitas, de esos bloques de habitaciones con piscina que conforman el lujo abarcable para millones de personas que se dejan la vida en un vaso en el bar mientras apuestan a los Cow Boys la podrían poner perfectamente los hermanos Felice.

 

Este Yonder is The Clock, su tercer largo, no sorprende tanto como aquel primer Through These Reins and Gone, en el que alucinaba el desparpajo con el que estos recién llegados hacían un blues, una canción de raíces tan auténtica y profunda y con unas letras tan brillantes retratando toda la miseria y dignidad americana que con sus voces rotas y sus acordeones no desmerecía al lado del mismísimo Dylan y The Band. Después de digerirlo, conocías su historia personal, surgida del universo al que cantan, y sabías de sus años de bagaje curtiéndose en el metro de NY, en antros de la costa este, en furgonetas recorriendo polvorientas planicies, y no extraña que llegase la joya que fue su segundo trabajo, Tonight at The Arizona, para mi su mejor disco hasta la fecha. Yonder Is The Clock, decimos, no sorprende, pero gratifica saber que tal vez lo mejor está por llegar, y que si no grabaron su primer disco hasta diez años después de comenzar a juntarse con una guitarra en las manos, no tienen prisa para dar un bombazo que a lo mejor nunca llega; y gratifica saber que si tal vez no sorprende si consolida su sonido, sacándolo de la sombra del árbol de Dylan, y brillando con luz propia en el universo folk américano.

 

Canciones como “Big Surprise”, “Chicken Wire”, “Ambulance Man”, “Run Chicken Run” o “Boy From Lawrence County” hunden sus raíces americanas en el más puro folk de ese lado del charco, picoteando de la mayoría de géneros que componen el acervo musical más profundo de los States y conformando un sonido propio que se desparrama en directo de la manera más contundente. Después de los dos brillantísimos primeros trabajos, se encuentran en una etapa llana, sólida y consolidada. Puede ser que todos esperemos su cima, su himno, puede ser que nunca llegue y tal vez ni falta que hace. Son ya muy, muy grandes.

 

 

 

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