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Texto:
Ángel Muñoz
He tenido que escuchar varias veces el último trabajo
de los Felice para aceptar el hecho de que me ha desagradado
considerablemente. Lo he escuchado muchas veces, y he leído casi
todo lo que se ha escrito sobre él, y mi conclusión final es que me
parece, si no lamentable, bastante mediocre. Aunque en mi opinión,
desde el memorable Tonight At The Arizona, creo que han ido
bajando progresivamente el nivel, seguían siendo muy grandes en los
suyo, puro folk, americana de raíces llegando a alturas dignas de
The Band.
Supongo que la gran mayoría de la crítica los tiene
en un pedestal hagan lo que hagan y todo han sido parabienes para su
experimento medio electrónico, Celebration, Florida. Muchos
tildan de valentía el atreverse a revisar con un tinte electrónico y
a vestir con aires más pop la rancia estructura de las raíces
americanas; otros señalan como una virtud el hacer lo que te venga
en gana, libertad creativa total, apostillando que toquen el
instrumento que toquen, hagan lo que hagan, los Felice Brothers lo
harán bien. En fin, yo sigo manteniendo mi opinión de que AC DC
levan 30 años haciendo lo mismo de forma magistral y para qué
cambiar, y que salir airoso de un giro copernicano de tu propio
estilo solo está a la alcance de los más grandes. Y sí, seré algo
cínico, pero pienso que la sana evolución de un estilo, de la que no
reniego, a de ser gradual, un terreno de investigación, de
exploración, de ensayo y error, de ensayo y acierto, que todos
comprobemos disco a disco hasta descubrir que nuestro artista ha
mutado en otra identidad musical. Desconfío totalmente de los giros
brutales de estilo, tanto como de los disfraces de las melodías con
millones de arreglos, como un signo de que el tintero creativo está
agotado.
De hecho, no todo el disco responde a este nuevo
criterio de introducción de bases y arreglos electrónicos; sin
embargo las canciones que se ajustan a los antiguos trabajos no
llegan al nivel quedándose en baladas un tanto aburridas como
“Oliver Stone” o “Containership”, solamente me convence en su línea
clásica “Dallas” manteniendo ese tono de épico y austero dramatismo,
de resignada melancolía.
Y sí, he de reconocer que una de las mejores
canciones del disco es “Ponzi”, con arreglos tangueros sobre una
potentísima base rítmica y con un medio tiempo en el que consiguen
un muy logrado estribillo; y el primer tema del trabajo, “Fire at
the Pageant” es una canción muy curiosa, que descoloca y promete,
coros infantiles y potencia a raudales algo psicodélica a lo Pink
Floyd. Eso es, promete pero no cumple. No cumple porque llegamos a
“Back in the Dancehalls”, “Honda Civic”, “Cus’s Catskill Gym” o
“Refrain” y me quedo completamente frío con la supuesta renovación y
modernización del género.
En mi opinión, no llegan en los temas “clásicos” y se
pasan en los “modernos”. Para mí, una decepción, espero desde ya su
nuevo trabajo, en un sentido u otro, para comprobar que estos chicos
no están secos, y que siguen siendo muy grandes.
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