| |
Texto:
Ángel Muñoz
¿Quién no ha
tenido alguna vez un grupete de amigos, o lo ha pensado, para tocar
las canciones o el tipo de música de las bandas que les apasionan,
de las que han bebido? El problema está en que la mayoría de las
veces, de esos experimentos sonoros surgían sonidos cuando menos
deleznables, aunque se pasase tan bien. Pero cuando quien se reúne
para tocar realmente lo que quieran, para emular a sus ídolos, son
dos de los mayores talentos de la última hornada de bandas UK, el
Arctic Monkey Alex Turner, y el menos exitoso, pero no por ello
menos virtusoso, Miles Kane, de The Rascals, lo que ocurre es que
paren una joya como su primer y esperado proyecto conjunto: The
Age of Understatement.
Alex Turner y
Kane trabaron amistad durante las primeras giras de Arctic Monkeys,
en las que la anterior banda de Kane, The Little Frames, talonearon
a los Monos. Desde entonces ya fantasearon con la idea de hacer algo
juntos, sin abandonar sus respectivas bandas, un homenaje a la
música de los 60, a Bowie, al rock épico.
Turner siguió
su exitoso camino con Arctic Monkeys, mientras que Kane derrochaba
talento con su nueva banda, The Rascals, ignorados por la
todopoderosa prensa musical inglesa, que encumbraba a posteriores
fiascos como Bloc Party... pero esta es otra historia. El hecho es
que nos encontramos en la cara y en la cruz de la moneda del éxito
con los dos mayores talentos musicales de su generación. Y no
rivales, sino amigos, y madurando su idea, su proyecto.
El productor
de esta maravilla recién aterrizada ha sido James Ford, de Simian
Mobile Disco, y Owen Ballet, ha dirigido nada más y nada menos que a
la London Metropolitan Orchesta en la grabación del disco, y
aportando todos los arreglos de cuerda. Con todas estas noticias
filtrándose desde Francia, donde se grabó el disco, la expectación
era máxima, y se confirmó nada más salir al mercado ese gusto por la
música de los años 60 que incluso anticipaba esa glamourosa portada.
Pop épico, con
unos arreglos de cuerdas soberbios, elegante... inmenso. Arranca con
el corte que da nombre al disco, recuerda a Scout Walter sin
disimulos. Bebe de las fuentes del primer Bowie, incluso en según
que cortes suena al mismísimo Gainsbourg.
El largo alcanza momentos supremos con “Black Plant” o “My mistakes
were made for you”. Las caras B esconden una inmejorable versión de
Bowie en “Two hearts in two weeks” e “In the Heart of the morning”,
y otra de Billy Furry, “Wondrous Place”.
Con todo el
ruido que ha levantado este disco, he escuchado desde alabanzas como
las mías, a críticas negativas, justificando el éxito y el revuelo
tan sólo en la fama de Turner y la pose elegante de críos guapos y
exitosos jugando a ser mayores y a escuchar música de sus padres
enfundados en un traje pitillo.
Para mi es el
resultado de libertad y talento, del buen rollo y las ganas de
pasárselo y de hacerlo bien. Los dos personajes más talentosos y
líderes de los grupos más interesantes que han surgido de UK en el
último lustro uniéndose para emular a los grupos que han compartido
en el iPod durante kilómetros de gira. Amigos, guapos, talentosos,
Turner y Kane hacen uno de los discos del año.
|