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Texto:
Marcos
Ripalda
Pereza me da, querido lector. Y es que tras Get Lost (1995)
y, sobre todo, 69 Love Songs (1999), no hacía falta una
revisión de pop-minimal desde la óptica del ruidismo post
Jesús & Mary Chain, que se traduce en un feedback irritable
aunque gustoso en la dosis justa. Si ya el álbum conceptual i
(2004) era cincuenta por ciento delicioso, treinta y cinco por
ciento agradable y quince por ciento morralla, que también entre los
clásicos abunda, conste, en Distortion la morralla roza la
mitad del repertorio. Total, que no me convence demasiado, aunque
tampoco me caló en su época 69 Love Songs, oh, incauto de mí.
Stephen Merrit, cabecilla de la banda, reconoce el plagio, lo asume.
Y va a piñón fijo. Ay, qué manía la suya: la de hacer discos con un
hilo conductor. Habrá que perdonárselo, claro. Y es que Merrit no ha
parado. En 2006, firmó disco con The Gothic Archies, cuyo extenso
título prefiero obviar con el fin de enriquecer la reseña con cosas
que importan, y entregó, a su nombre, Showtunes, donde colaba
25 canciones para acompañar tres piezas de teatro musical del
director de escena de origen chino Chen Shi-Zheng. Ahí es nada.
El álbum Distortion abre con un tema instrumental
horripilante, cierto. Pero canciones como “Too Drunk To Dream”,
donde Merrit nos dice cómo encontrar la felicidad con una trompa de
espanto, o “I’ll Dream Alone”, sobre sueños que no son, ni se
cumplirán, ni se soñarán, nos confirman que hasta los genios dieron
algún traspiés o se tomaron el asunto, y esto es una impresión muy
personal, a chufla, que no a la ligera. En cualquier caso, no
siempre se puede estar fino. En cualquier caso, a ver quién es el
guapo o la guapa que se marca 69 canciones de amor en un triple
compacto y mete, si acaso, 5 ó 6 temas de “relleno”, que ya
quisieran grupos importantes y laureados para sí.
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