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Texto:
Ángel Muñoz
Estas últimas semanas gracias a recomendaciones y conversaciones
musicales realmente provechosas estoy descubriendo y acercándome a
bandas de las que tenía ligeras noticias, de ver su nombre en un
cartel y poco más, y me estoy encontrando verdaderas joyas como este
quintento madrileño capitaneado por la limpia voz de Anita Steinberg
y su estupendo debut después de patear toda la escena indie
capitalina, Deer Park Mirage.
Pop clásico, sin trampa ni cartón, un disco atemporal, deudor de sus
influencias confesas, Beach Boys, Byrds, Gram Parker ... a mí me
recuerdan mucho a She&Him o Saint Etienne, pero con más recursos;
este es uno de esos grupos que por pertenecer a la más pura escena
independiente, a la escena fanzinera, a los circuitos más
undergrounds no desmerece para nada su calidad, es más, tienen
tanta como para adelantar por la izquierda a muchos conjuntos
internacionales consagrados y encumbrados por la crítica oficial.
Pop luminoso y elegante en el que nada sobra y nada falta, que
utiliza todos los recursos que el género ofrece en su justa medida.
La juventud baila, sí, baila al son de "Our Last Party" o "Jaffa
Cakes" ; o se toma un martini con elegante indiferencia en la
terraza del Negresco mientras suena de fondo "Insane". Tienen música
y tienen letra, textos brillantes en los que recrean panoramas
optimistas, amores de verano, y asesinatos de culto, el del
esquiador Vladimir Sabich a manos de su pareja , la cantante
francesa Claudine Longet en 1976 en "I shot the skier", en una
composición sencilla y preciosa, como una burbuja en medio del
temporal.
Aunque el tramo central tal vez baja un poquito el nivel, el
comienzo apabulla. El primer corte "Marblehead" nos deja una tarjeta
de presentación llena de pequeños arreglos de ukalele cayendo como
gotas de agua sobre unos ritmos contenidos y la voz de Anita
cantando con una alegría naif de paseo en el parque un domingo por
la mañana. Y a continuación "Deer Park Mirage", una composición
enorme, digna de codearse con grandes temas atemporales, densa sin
empachar, orquestal y épica. Una maravilla.
De lo mejor que he escuchado últimamente, una de esas joyas
escondidas, alejadas de los circuitos del mainstram y de la crítica
especializada, que si no te recomiendan, si no estás en el circuito,
no conoces, con lo que da más placer aún el conocerlos, y ver que la
calidad y la genialidad puede habitar lejos de las luces de
artificio de los Grandes. Os lo recomiendo encarecidamente, si
quieren darán que hablar, y mucho.
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