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Texto:
Ángel Muñoz
Mal que nos pese al resto del mundo, en esto del rock and
roll, a nivel mundial sólo hay dos potencias que de verdad marcan
tendencias y hacen girar el rumbo de la escena a nivel global y de
la historia musical, como si fueran el Madrid o el Barça en nuestra
liga: USA y UK, el resto, orgullosos de ello y contando con
grandísimas bandas en nuestro haber, iríamos algo a rebufo, en una
suerte de UEFA musical. Y dentro de estas dos superpotencias,
siempre ha habido puntos calientes de creación, territorios
geográfico – sonoros que por sí mismos son capaces de parir hijos
que rebasen el límite de su etiqueta patria para poner una ciudad o
incluso un barrio a la cabeza del pelotón, generar un sonido, crear
todo un movimiento, provocar un terremoto, remozar una escena.
Londres, Escocia, Leeds, Bristol, Manchester, Seattle… y por
supuesto New York.
Agotada la década guitarrera de la ciudad de los
rascacielos, enterrados los Strokes
y cerrado el CBGB tocaba pasar página, y si en algo es especialista
la espontánea la escena musical neoyorquina es en reinventarse. Con
unos Yeah Yeah Yeahs más
desenchufados que nunca, y entregando su mejor trabajo, y unos
Kills bajando watios, aparecen
en un tímido debut, con pasito pequeño pero firme, sin los a menudo
vacíos fuegos de artificio de la prensa especializada encumbrando al
becerro de oro, pero con el reconocimiento unánime de quienes los
escuchan, estos cuatro chicos, The Pains Of
Being Pure At Heart, con la pequeña joya musical de su
disco homónimo de debut.
Jóvenes, muy jóvenes, y puros, románticos. No pudieron ver
a Los Ramones pero son sus
deudores, poco más que gateaban cuando Dios tomaba el sol con los
Vaselines y
Kurt Cobain se declaraba su fan,
pero beben de la historia musical de cada una de las calles en las
que han crecido, son la nueva cantera, la bandera a seguir. Encauzan
de manera magistral toda la rabia adolescente, todos los
sentimientos de esa terrible y maravillosa edad, felicidad, no
future, amor, soledad, incomprensión. No inventan nada, pero
deslumbran con lo que hacen, un cóctel fresco que hace que vuelvas a
creer en el Rock and Roll, en su más pura esencia, en cómo empezó
todo, y cómo debería de ser. Divertido, rápido. Distorsiones
guitarreras y bases rítmicas aceleradas.
Tienen todas las papeletas para convertirse en el relevo
generacional ya mencionado. Jóvenes, universitarios, cultos y
leídos. Han firmado diez canciones casi perfectas en su debut.
“Young Adult Friction” es una auténtica maravilla, casi un himno. El
manual de cómo hacer una canción perfecta de pop. Luminosa y fresca,
tiene toda la alegría adolescente con ese poso de tristeza que deja
un atardecer después de la tormenta, preciosos los coros con la voz
de la
exótica Peggy Wang. El single “This Love is Fucking Right” deslumbra
con la maestría de estos recién llegados manejando los postulados
clásicos del pop. Twee y shoegaze, los muros de sonido que imprimen
en “Contender”, el corte que abre el disco son dignos de los mejores
My Bloody Valentine. “Come
Saturday” es puro rock universitario y juvenil, guitarras rápidas
como tiros, una base rítmica brutal y coros suaves, la ilusión del
chaval esperando su momento.
Una maravilla.
La primera sorpresa verdadera del 2009. Espero que lleguen para
quedarse, de momento han llegado poquito a poco, derrochando
calidad. Tienen talento de sobra para abanderar toda una nueva
generación. Esperemos que su reinado sea duradero. ¡NY brilla de
nuevo!
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