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THE WAVE PICTURES

Long black cars

Moshi Moshi Records, 2012

 

Texto: Ángel Muñoz

Reconozcámoslo, nos gusta lo básico. Lo básico como sinónimo de calidad, eso sí, y de diversión sobre todo. Y en esto del rock, muchas veces, menos es más; hemos dicho en muchas ocasiones que algunas de las grandes canciones del rock son bajo, guitarra, batería y tres acordes. Hemos hablado de cómo nos gusta dar botes y mover la cabeza, y con el trío inglés capitaneado por David Tattersall nos ocurre, básicamente, esto mismo. Que tire la primera piedra quien no haya tocado alguna vez una guitarra imaginaria moviendo la cabeza en una suerte de protoairguitar tabernario al ritmo de los denostados Dire Straits, que, admitámoslo, a todos nos han gustado alguna vez. De hecho recuerdo un bar en Moncloa que tuvo la feliz idea de repartir escobas entre los asistentes para, melena al aire, imitar los interminables riffs de guitarra de las bandas de jevi del momento, idea que acabó cuando más de un palo terminó hecho astillas en cabeza ajena bajo los efluvios del alcohol. Ah! Qué felices 90!

The Wave Pictures son esto mismo, ni más ni menos. Oficio, tesón, una parte importante de creciente talento, y diversión, mucha diversión. Llevan desde el 2008 sacando casi un disco al año. Les encanta, y se nota. Y no varían en su esquema. Con su economía de medios, y sus canciones sencillas, nos hacen sonreír a cada play.

Long Black Cars se podría definir como un trabajo de consolidación. Si en todos los discos anteriores no es que hubiera mucho margen para la sorpresa, en este, tal vez menos aún. Pero no por eso defrauda, ni muchísimo menos,  si así está bien, si nos gusta, si les gusta, si cada vez lo hacen mejor, ¿para qué salirse de esa línea?. Beben de fuentes mil veces exploradas, pero de manera justa, acertada y respetuosa.

Metidos en harina, destripemos un poco este Long Black Cars. El primer corte, “Stay here and take care of the children” se trata de un blues bailón y con un solo, precisamente, muy a lo Mark Knopfler, un feliz ejercicio de clasicismo pop. Los siguientes temas presentan las cartas que se repiten a lo largo de toda la partida. “Eskimo Kiss” es un agradable viaje psicotrópico, una pequeña escapada a la Costa Oeste, suave y psicodélico, un brindis en la llanura a la brisa de Frisco. Y el tercer tema, “Never Go Home Again” juega con la muy británica tradición musical del ska y el reggae, recuerda de lejos a unos Clash y a un descafeinado orgullo de clase obrera ochentera, abrochémonos las harrington, “Seagulls” se trata de otro tema en esta línea. “Hoops” presenta ya la cuarta cara del disco, folk y medios tiempos que nos recuerdan al Dylan más armónico. “Give Me a Second Chance” es una licencia algo más sucia y garajera, que yo, personalmente, agradezco. “Come Home Tessa Buckmann” es la canción lenta y densa que no podía faltar, y que, a pesar de ser tal vez el corte de mayor calidad de Long Black Cars, no puedo con ella. Y cerramos a lo Dylan, con “Long Black Cars”.

Más de lo mismo, sí, pero dale al play, abre una cerveza, poneos guapos y si los chicos de Tatterstall tocan cerca, prepárate para una de las mejores noches rock del año. Cada vez un poco más grandes.

 

 

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