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Texto:
Ángel Muñoz
Puede que un poco pasado ya, es verdad, no es ninguna novedad, pero
quiero comenzar el año hablando de uno de los triunfadores del
pasado. Cuando salió XX a la luz la crítica fue tan unánime
al aclamarlo que daba mal rollo, no sería el primer bluff de la
todopoderosa prensa musical inglesa, de hecho es casi habitual
encumbrar desde el púlpito de NME a grupos de una temporada, pero
no, no se equivocaban. Durante 8 meses he podido leer y escuchar
estas críticas, pero también he podido durante estos 8 meses
escuchar y desmenuzar el primer trabajo de estos cuatro jovencitos
londinenses, y coincido con todos. XX es lo mejor que he escuchado
en años, y con mayúsculas.
Realmente es hasta difícil describirlo. Puede parecer un disco
aburrido, gris, hasta triste; todo lo contrario de lo que se
esperaría sin haberlo escuchado, y si no se ha seguido la pista a
estos cuatro chavales que ya llevaban unos cuantos años haciendo
ruido. De hecho por eso mismo sorprende. Que cuatro chicos de apenas
veinte años, surgidos del siempre bullicioso sur de Londres que vio
nacer hace nada a Hot Chip, sobrados de talento musical, no se tiren
por el más puro electropop, rock, electrónica, sino que creen un
trabajo tan íntimo y cálido que sorprenda por lo cálido y
aterciopelado de cada escucha.
Con frecuencia asocio canciones a postales paisajísticas y
sensaciones en mi cabeza, a vivencias imaginarias o no. XX es
como un recorrido nocturno de agradable pereza, como una copa
tranquila, una charla con buen vino y un amanecer nevado. Las voces
tranquilas, susurrantes en ocasiones, de Romy Madley y Baria Qureshi,
se deslizan sobre un exquisito shoegaze, de una sutileza inédita,
bases pausadas y arreglos de cuerda, dan a luz atmósferas blandas y
preciosas, casi protectoras, para escuchar con una taza de té
caliente en las manos viendo como llueve mientras se empañan los
cristales. “Intro”, la delicada introducción al resto del disco,
detalle de poco frecuente elegancia, da idea de lo que nos espera, y
canción tras canción nos van dejando joyas de este estilo,
acompañadas de otras, auténticos himnos ya del más puro pop suave
con tintes electrónicos, como el single “Crystalised”, magnífico;
“Islands” representa otro ejemplo en la misma línea, e “Infinity” es
de las canciones más evocadoras que he escuchado nunca, lo dicho,
como volver a casa conduciendo en un amanecer de invierno.
Espero que el 2010 nos deje una maravilla de esta clase, solo con
eso habrá merecido la pena el año.
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