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THE XX

XX

Young Turks, 2009

 

Texto: Ángel Muñoz

 

Puede que un poco pasado ya, es verdad, no es ninguna novedad, pero quiero comenzar el año hablando de uno de los triunfadores del pasado. Cuando salió XX a la luz la crítica fue tan unánime al aclamarlo que daba mal rollo, no sería el primer bluff de la todopoderosa prensa musical inglesa, de hecho es casi habitual encumbrar desde el púlpito de NME a grupos de una temporada, pero no, no se equivocaban. Durante 8 meses he podido leer y escuchar estas críticas, pero también he podido durante estos 8 meses escuchar y desmenuzar el primer trabajo de estos cuatro jovencitos londinenses, y coincido con todos. XX es lo mejor que he escuchado en años, y con mayúsculas.

 

Realmente es hasta difícil describirlo. Puede parecer un disco aburrido, gris, hasta triste; todo lo contrario de lo que se esperaría sin haberlo escuchado, y si no se ha seguido la pista a estos cuatro chavales que ya llevaban unos cuantos años haciendo ruido. De hecho por eso mismo sorprende. Que cuatro chicos de apenas veinte años, surgidos del siempre bullicioso sur de Londres que vio nacer hace nada a Hot Chip, sobrados de talento musical, no se tiren por el más puro electropop, rock, electrónica, sino que creen un trabajo tan íntimo y cálido que sorprenda por lo cálido y aterciopelado de cada escucha.

 

Con frecuencia asocio canciones a postales paisajísticas y sensaciones en mi cabeza, a vivencias imaginarias o no. XX es como un recorrido nocturno de agradable pereza, como una copa tranquila, una charla con buen vino y un amanecer nevado. Las voces tranquilas, susurrantes en ocasiones, de Romy Madley y Baria Qureshi, se deslizan sobre un exquisito shoegaze, de una sutileza inédita, bases pausadas y arreglos de cuerda, dan a luz atmósferas blandas y preciosas, casi protectoras, para escuchar con una taza de té caliente en las manos viendo como llueve mientras se empañan los cristales. “Intro”, la delicada introducción al resto del disco, detalle de poco frecuente elegancia, da idea de lo que nos espera, y canción tras canción nos van dejando joyas de este estilo, acompañadas de otras, auténticos himnos ya del más puro pop suave con tintes electrónicos, como el single “Crystalised”, magnífico; “Islands” representa otro ejemplo en la misma línea, e “Infinity” es de las canciones más evocadoras que he escuchado nunca, lo dicho, como volver a casa conduciendo en un amanecer de invierno.

 

Espero que el 2010 nos deje una maravilla de esta clase, solo con eso habrá merecido la pena el año.

 

 

 

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