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Texto:
Asier R.
Por momentos, y solo por momentos, creo que estoy ante algo
absolutamente excepcional. Es escuchar las palabras Legendary Shack
Shakers, ya se puede tratar de una marca de sopa, que me empieza a
entrar temblequera y nerviosismo. Es más que excepcional.
No voy a presentar al grupo mas que de forma somera, ya que
si queréis una presentación tipo Hollywood podéis leer la crónica de
su último concierto en estas páginas digitales. Voz, harmónica y
folclorista: Colonel C.J. Wilkes, David Lee guitarra y macarra, Mark
Robertson contrabajo y paciencia, Brett Whitacre batería y trueno.
Es difícil comentar este disco por muchos motivos. En
primer lugar la primera escucha supuso una decepción. No contento,
la segunda escucha me hizo pensar, le di una tercera escucha que
curiosamente me hizo sorprenderme… y no voy a seguir por ese camino.
Como comprenderéis, a la enésima escucha me parece que no han
perdido ni un ápice de lo que les caracteriza y es el ser muy muy
muy especiales.
La música no es matemática pero está claro que hay cierta
suma de cosas en ella. En la de los TLSS, hay muchas y la abundancia
en si no es una virtud, de hecho es difícil de controlar pero hay
una persona que a pesar de toda su locura, en muchos momentos estoy
convencido que real, es capaz de dotar a sus canciones de la
contención justa.
Creo que es uno de los méritos de este último disco, han
contenido el salvajismo y agresividad de las canciones. Digo que es
un mérito porque eso les permite seguir una evolución sorprendente y
de ahí viene mi decepción inicial, me esperaba un trallazo agresivo
(entre otras cosas) como el que supuso su anterior Pandelirium
y aquí priman otras cosas. Creo que una de ellas es la textura de
las canciones que viene representado por los últimos cuatro cortes,
casi más bien apuntes musicales y es que el disco en si parece un
estudio hecho desde la pasión. Estudio de música y, en si, un
estudio de la vida misma.
Un álbum barroco en concepto (más que los anteriores) y en
la propia música, creo que la misma portada muestra que hay mucha
imaginación, mala baba y conocimiento: una pintura en la que se ve
un busto de Abraham Lincoln sobre una bandera sudista bastante
machacada.
Pero no hay que olvidar que TLSS son ante todo música que
invita a la energía, aquí hay de todo, mucho de ello acelerado como
siempre (“Easter Flesh” y “Cheat The Hangman” dan buena cuenta de
ello), bailable de forma que les acerca a unos Southern Cultura on
the Skids en “Hellwater” o “He Ain’t Right” y sorpresa muy
oscuras como “The Deadenin’ ” y especialmente “Down & Out” que
siempre me lleva a imaginar a unos enanos diabólicos persiguiendo a
Blancanieves hasta algún oscuro agujero.
Y como ya he dicho, al final están esas cuatro últimas
canciones que unidas, escuchadas como una sola podrían dar que
pensar en los futuros pasos de estos genios, genios que
desgraciadamente son muy poco conocidos y que provocan estupefacción
y alegría en los pocos que les debemos seguir.
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