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Texto:
Ruth
Bautista
Se intuye la mano de un gran domador en Un día en el
mundo. En este caso dos, Manuel Colmenero y Javibu Carreterro,
productores de un álbum que recoge y reinterpreta la trayectoria
musical de la banda a lo largo de su casi década de existencia en el
subsuelo de lo invisible.
Cuales leones en un estado de fiereza desatada, no debe
haber sido fácil para los chicos de Vetusta Morla presentar un
trabajo tan perfectamente contenido, casi encorsetado, con unos
hilos a punto de estallar. La energía se escapa en cada una de las
puntadas, y sin embargo, la tela, tirante, no se rompe, permitiendo
un juego de tensiones, de agitación y excitación, tremendamente
atractivo, casi vicioso.
Perlas como “Copenhague” sintetizan el valor de Un día
en el mundo, la magnífica voz de Pucho, que en esta ocasión
brilla con delicadeza, sin cargar, la melodía perfectamente
conseguida con la fuerza de las guitarras y una batería adictiva y
concluye con unos arreglos que superan el riesgo al que se
enfrentaban de parecer pretenciosos y superficiales.
Muchos grupos han retornado sin pudor al castellano tras
iniciar sus carreras en inglés, desde Sidonie, a Deluxe, pasando por
Second, mientras otros, como Lori Meyers, en otro punto en común con
los chicos que nos ocupan, nunca han aspirado al inglés, por pura
humildad y honestidad. En este caso, Vetusta Morla se encuentran aún
algo más al extremo, al conseguir un sonido perfectamente elegante y
un dominio del idioma superior al de todos los demás, especialmente
por la sonoridad de las letras, con cadenas de sílabas que por sí
solas cantan, como si de una novela de Cela se tratara.
Posiblemente hay un par de temas que no brillan como
“Copenhague”, “Al respirar”, “Autocrítica” o “Sálvese quien pueda”,
“Valiente”, “Un día en el mundo”, “La marea”… Pero a quién le
importan, cuando a la hora de destacar las canciones de este trabajo
una no sabe dónde parar.
Y qué más se puede pedir, más que un pequeño recuerdo a la
Vetusta Morla, la vieja y cansada tortuga de La Historia
Interminable, de Michael Ende. Un juguetón guiño a todos los
Bastian del mundo.
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