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Texto:
Asier R.
Fotos:
www.aleladiane.com
El
reciente conocimiento de Alela Diane no nos había quitado ganas de
presentarnos en un entorno como es el teatro Lara, en el que
curiosamente, éramos gratamente primerizos. Y digo gratamente,
porque fue muy útil para el entorno del concierto, la sorpresa de un
lugar que se transformó en un cálido salón con chimenea, hogareño y
muy agradable.
Dejando de lado las primeras subjetividades, Alela Diane se presenta
con una gran colección de canciones bajo el brazo. El que es su
último disco “Alela Diane & Wild Divine”, se transformó en el
protagonista de la noche debido a la enorme presencia que tuvo en el
cancionero de la artista. No puedo asegurarlo, pero poco faltó si es
que realmente no tocaron todas las canciones de dicho álbum. Y es,
para nosotros, de agradecer ya que de su discografía, es nuestro
favorito, junto con The Pirate’s Gospel, el cual tuvo su
buena presencia. Pero luego volvemos a este disco.
Sencillez es en este caso la palabra para definir el concierto. A
todos los niveles, Alela Diane trató con el público con suavidad
pero sin ningún tipo de ñoñería. Tal vez todos nos sentimos al
abrigo de la intemperie en este entorno y nos sumimos en el arrobo
de su voz y de la elegancia de sus instrumentistas. “Of Many Colours”
fue la canción encargada de llevarnos de la mano a lo largo del
concierto, como una cálida brisa. Los encargados de darnos hospedaje
fueron el marido de Alela y su padre, que le cubrieron las espaldas
con la guitarra, y el segundo de ellos, también con la mandolina. Se
fueron desgranando las canciones con el grupo al completo y
alternando nuevo disco con el resto de su discografía, mención
especial para “Elijah”, en la que el trabajo de todos fue muy bueno,
al ir consiguiendo un suave crescendo de la canción, que gana en
intensidad de forma casi imperceptible. Tal vez hacia la mitad del
show, nos quedamos en un set acústico junto a su padre, en la que
destacaron “Third Feet” y “Rifle”, de agradecer la compenetración
(supongo que es normal) que hay entre ellos así como la inclusión de
un nuevo futuro tema.
Tras la vuelta de los instrumentistas al completo y algunas pequeñas
bromas en español, se nos regaló tal vez dos de los mejores momentos
del concierto. En primer lugar, “Suzanne” que fue la encargada de
cerrar el concierto antes de los bises. El grupo al completo, se
dejó llevar en una jam, aumentando, no exageradamente, el tono
roquero del concierto, y haciendo una labor tanto el batería como el
guitarrista, de mérito. El primero por lo detallista a lo largo de
la canción, percutiendo de muy distintas maneras, llenando de
matices la canción, y eso de forma muy suave. El segundo, aportando
un guitarreo, tal vez muy academicista pero consiguiendo un gran
efecto. Y en segundo lugar, tan solo por orden cronológico, el
primero de los dos bises, la canción que cierra su mencionado The
Pirate’s Gospel, “Oh!, My Mama”, que sonó extremadamente
emocionante, hasta la congoja, y nos hizo, por otro lado,
maravillarnos de lo que fue una constante: los matices, suaves,
hermosos, de la voz de Alela Diane que nos sumergieron a lo largo
del concierto, en una sensación de bella placidez.
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