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ANNI B SWEET

Granada, Teatro Isidoro Maíquez

 21 de abril

 

Texto: Ruth Bautista

Fotos: www.subterfuge.com

 

La malagueña Annie B Sweet se encuentra en el arranque de su carrera. Comienza a darse a conocer, aunque por el momento suena más su nombre que su música. El pasado día 21, en Granada, presentaba su reciente disco debut, Start, Restart, Undo, y congregaba a cerca de trescientas personas, muchas de las cuales habían escuchado a lo sumo, y de casualidad, alguna de sus canciones. Orejas abiertas, por lo tanto, y mentes expectantes.

 

Para empezar, el emplazamiento, un nuevo teatro en la capital granadina, cuya poco agraciada estructura exterior, una mole de líneas rectas de cemento blanco que se vislumbra desde varias localizaciones de la ciudad, alberga en su interior un delicado y bien diseñado escenario y patio de butacas con una magnífica acústica. Amplio y acogedor al mismo tiempo.

 

Una vez todos dentro del recito, poco después de la hora acordada, una tenue luz sobre las tablas indicaba que el concierto iba a empezar. Unos pasos bien marcados nos traían a la malagueña al centro del escenario, quien guitarra en mano y sobre todo voz en garganta, dio comienzo suavemente al show. Un comienzo muy sencillo, a modo de intro. Sin acabar el primer tema, la banda hacía aparición sobre el escenario. Magnífica banda, de teclados, bajo, batería y guitarra. Cuatro chicos que bien valen su peso en oro y que más que acompañar a Anni lo que lograron es dar gravedad a sus composiciones, enriqueciéndolas con un toque jazz que elevan la música de esta chica a otro nivel. Es inevitable (aunque triste) buscar referencias cuando te enfrentas a un artista nuevo. Al escuchar a Anni B Sweet, pronto empiezan a pasar nombres por la cabeza. La grave sencillez de Cat Power en un principio. Descartada en cuanto salió la banda al escenario. Por la voz, la situación de jovencísima cantautora que canta en inglés, recién llegada, repetidas veces uno se acuerda de Lourdes Hernández y su Russian Red. Piensa en lo bien que comenzó Lourdes y lo como acabó quemando su disco. A Anni le falta el poco desparpajo que mostraba Lourdes, pero sus temas son más complejos, más elegantes y tienen otro toque, que sin duda le proporcionarán una vida útil más larga. Constantes cambios de ritmo, estilo o acompañamiento dentro de cada canción, hacen que no sean tan fáciles de exprimir. La voz de Anni, si bien puede sonar ligera y directa, tiene un ramalazo raro, profundo, que ella aprovecha con soltura, aunque quizás no suficiente, lo cual augura un buen futuro si continua explorando esta senda. La referencia más convincente fue, sin embargo, extraña: Jewel, la chica de Alaska, interpretando “The other woman” en una Riviera con el público sentado en butacas, por su timidez, su voz espectacular, con varias tonalidades y gravedades, y por recordarnos mediante una canción jazz que el pop puede ser algo más.

 

Así en esa línea, fue desgranando su trabajo debut, con “Sarcastic Hello”, “La la la”, o “Song of pain”. El mejor momento del concierto fue su interpretación de “Tumbado en mi moqueta azul”, tema que no es suyo, pero que nos lleva a otra reflexión, que es el idioma. Es fácil comprender porqué nos empecinamos siempre en usar el inglés para la música. A fin de cuentas es la lengua materna en esta materia. Pero la experiencia de tantos y tantos grupos, desde Love of lesbian (que incluso reniegan de su pasado angloparlante), a Sidonie, pasando por Xoel López, y tantos otros, debería hacer que los que vienen detrás se lo piensen bien antes de elegir el idioma de sus canciones. Aún así es fácil entender la tentación de comenzar en inglés. Y más en el caso de Anni B Sweet, de extrema timidez, casi enfermiza, pues a fin de cuentas es un escudo más con el que esconderse. Pero la conexión que consiguió con su interpretación de “Tumbado en mi moqueta azul” no la consiguió en el resto del concierto. Estuvo simplemente brillante.

 

En definitiva fue un gran concierto, en un gran auditorio. Difícil es extrapolar conclusiones. Posiblemente no recomendaría ir a ver a esta chica en un local convencional, de esos a los que algunos van como borregos a comentar el día en la oficina mientras un pobre desgraciado se desgañita en un escenario poniendo música de fondo a sus comentarios. En cualquier sala de conciertos al uso posiblemente se la comerían con patatas. Su timidez llegaba al punto de ser irritante. Ahí nos acordamos de nuevo de alguien, del grandísimo Ryan Adams, aunque esperemos Anni no siga sus pasos y busque ayudas externas para afrontar los directos. En un ambiente como el que estábamos, apenas podía hablar, nerviosa, y en ningún momento de los que lo hizo se dirigió directamente al público, siempre girada hacia la banda y sin levantar la mirada. Le faltan tablas, es obvio, pero el trabajo más duro, el de tener talento y un buen disco bajo el brazo que presentar, ya lo tiene hecho. Así que ánimo y al toro.

 

 

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