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Texto:
Ruth Bautista
Fotos:
www.subterfuge.com
La malagueña Annie B Sweet se encuentra en el arranque de
su carrera. Comienza a darse a conocer, aunque por el momento suena
más su nombre que su música. El pasado día 21, en Granada,
presentaba su reciente disco debut, Start, Restart, Undo, y
congregaba a cerca de trescientas personas, muchas de las cuales
habían escuchado a lo sumo, y de casualidad, alguna de sus
canciones. Orejas abiertas, por lo tanto, y mentes expectantes.
Para empezar, el emplazamiento, un nuevo teatro en la
capital granadina, cuya poco agraciada estructura exterior, una mole
de líneas rectas de cemento blanco que se vislumbra desde varias
localizaciones de la ciudad, alberga en su interior un delicado y
bien diseñado escenario y patio de butacas con una magnífica
acústica. Amplio y acogedor al mismo tiempo.
Una vez todos dentro del recito, poco después de la hora
acordada, una tenue luz sobre las tablas indicaba que el concierto
iba a empezar. Unos pasos bien marcados nos traían a la malagueña al
centro del escenario, quien guitarra en mano y sobre todo voz en
garganta, dio comienzo suavemente al show. Un comienzo muy sencillo,
a modo de intro. Sin acabar el primer tema, la banda hacía aparición
sobre el escenario. Magnífica banda, de teclados, bajo, batería y
guitarra. Cuatro chicos que bien valen su peso en oro y que más que
acompañar a Anni lo que lograron es dar gravedad a sus
composiciones, enriqueciéndolas con un toque jazz que elevan
la música de esta chica a otro nivel. Es inevitable (aunque triste)
buscar referencias cuando te enfrentas a un artista nuevo. Al
escuchar a Anni B Sweet, pronto empiezan a pasar nombres por la
cabeza. La grave sencillez de Cat Power en un principio. Descartada
en cuanto salió la banda al escenario. Por la voz, la situación de
jovencísima cantautora que canta en inglés, recién llegada,
repetidas veces uno se acuerda de Lourdes Hernández y su Russian
Red. Piensa en lo bien que comenzó Lourdes y lo como acabó quemando
su disco. A Anni le falta el poco desparpajo que mostraba Lourdes,
pero sus temas son más complejos, más elegantes y tienen otro toque,
que sin duda le proporcionarán una vida útil más larga. Constantes
cambios de ritmo, estilo o acompañamiento dentro de cada canción,
hacen que no sean tan fáciles de exprimir. La voz de Anni, si bien
puede sonar ligera y directa, tiene un ramalazo raro, profundo, que
ella aprovecha con soltura, aunque quizás no suficiente, lo cual
augura un buen futuro si continua explorando esta senda. La
referencia más convincente fue, sin embargo, extraña: Jewel, la
chica de Alaska, interpretando “The other woman” en una Riviera con
el público sentado en butacas, por su timidez, su voz espectacular,
con varias tonalidades y gravedades, y por recordarnos mediante una
canción jazz que el pop puede ser algo más.
Así en esa línea, fue desgranando su trabajo debut, con
“Sarcastic Hello”, “La la la”, o “Song of pain”. El mejor momento
del concierto fue su interpretación de “Tumbado en mi moqueta azul”,
tema que no es suyo, pero que nos lleva a otra reflexión, que es el
idioma. Es fácil comprender porqué nos empecinamos siempre en usar
el inglés para la música. A fin de cuentas es la lengua materna en
esta materia. Pero la experiencia de tantos y tantos grupos, desde
Love of lesbian (que incluso reniegan de su pasado angloparlante), a
Sidonie, pasando por Xoel López, y tantos otros, debería hacer que
los que vienen detrás se lo piensen bien antes de elegir el idioma
de sus canciones. Aún así es fácil entender la tentación de comenzar
en inglés. Y más en el caso de Anni B Sweet, de extrema timidez,
casi enfermiza, pues a fin de cuentas es un escudo más con el que
esconderse. Pero la conexión que consiguió con su interpretación de
“Tumbado en mi moqueta azul” no la consiguió en el resto del
concierto. Estuvo simplemente brillante.
En definitiva fue un gran concierto, en un gran auditorio.
Difícil es extrapolar conclusiones. Posiblemente no recomendaría ir
a ver a esta chica en un local convencional, de esos a los que
algunos van como borregos a comentar el día en la oficina mientras
un pobre desgraciado se desgañita en un escenario poniendo música de
fondo a sus comentarios. En cualquier sala de conciertos al uso
posiblemente se la comerían con patatas. Su timidez llegaba al punto
de ser irritante. Ahí nos acordamos de nuevo de alguien, del
grandísimo Ryan Adams, aunque esperemos Anni no siga sus pasos y
busque ayudas externas para afrontar los directos. En un ambiente
como el que estábamos, apenas podía hablar, nerviosa, y en ningún
momento de los que lo hizo se dirigió directamente al público,
siempre girada hacia la banda y sin levantar la mirada. Le faltan
tablas, es obvio, pero el trabajo más duro, el de tener talento y un
buen disco bajo el brazo que presentar, ya lo tiene hecho. Así que
ánimo y al toro.
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