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Texto y foto
encabezado:
Rufino Gómez
Fotos archivo (El Sol):
Juan Aguado
Crónica de sensaciones: no busques las canciones
Han pasado muchos años desde que asistí
por última vez a un concierto de Los Flechazos, y en general
a un concierto de música pop en un escenario pequeño también. La
separación del mítico grupo leonés hace doce años supuso un shock,
mitigado luego en parte con el inicio del proyecto Cooper por
parte de Alejandro Diez Garín. Y aunque a Alex le he leído a veces
declaraciones en las que dice que Cooper y Los Flechazos son
distintos estoy seguro de que son muchos los que (como yo el pasado
sábado) han ido a ver a Cooper recordando a Los Flechazos.
Y muchas cosas han cambiado desde que dejé
de asistir a conciertos de música pop. El concierto de Cooper en el
Kafe Antzokia se anunciaba a las 21:30 con Cola Jet Set de
teloneros. Llegué tarde, sin agobios, pagué mi entrada en € (juraría
que todos los conciertos a los que he asistido costaban como mucho
1000 pesetas + consumición) y para mi sorpresa…¡me perdí
completamente la actuación de los barceloneses!. Igual que Groucho
dijo una vez que nunca entraría en un club que le admitiera como
socio, yo en tiempos afirmaba que jamás iría a ver un grupo que
comenzara los conciertos a la hora a la que los anunciaba. Supongo
que es porque los años han pasado para todos y no es cuestión de
empezar el concierto a las tantas. Y si además ya se ha dado un
concierto acústico por la tarde en la efnac… (¿eso qué es?,¿ se
escribe así?). Pero más cosas van cambiando: en las primeras filas
hay sitio y la gente está un poco estática. Entro con la gente ya
instalada justo cuando hace entrada la banda (Alex, voz y guitarra,
Mario Álvarez, guitarra y coros, Daniel Montero, bajo y coros, Nacho
García, batería y coros) y me meto hasta tercera fila. No me meto
más por vergüenza, pero se puede y nadie se queja. Y a bailar.
Porque algunas cosas no han cambiado:
pantalones estrechos, los polos a rayas abotonados y las camisetas
con elásticos en las mangas y la cintura (¿dónde las comprarán?).
Una estética que me resulta conocida y me facilita meterme en el
concierto (saltar). Se suceden las canciones del último
recopilatorio (Aeropuerto, 2009), sin dejarse ninguna y al ritmo
habitual: encadenando dos o tres piezas y con pocas concesiones a la
galería, salvo para saludar rápidamente a la ciudad, el escenario
(coincido con Alex en lo fantástico del Antzokia), los teloneros… y
algún guiño a algún conocido. Muy activo en la animación estuvo un
grupo de fans de Donostia con Javier Sun en sus filas.
El sonido en la sala es fantástico; la
banda, clásica en su formación (guitarras solista y de ritmo, bajo y
batería), suena potente y muy, muy fresca. Se recuerdan pero no se
echan de menos el Hammond y algunas actuaciones con metales. El
público hace sus peticiones y Alex hace caso omiso, como debe ser.
Los temas más pausados (Lisboa, La edad de la inocencia, Steph) nos
permiten bajar el pistón a los que ya peinamos canas (no tantas como
Alex), pero algunas piezas (Ola de calor, Ruido) te hacen reaccionar
y retrotraerte a los 90: o sea disfrutar como un adolescente
fanático. Alguna referencia de Alex a myspace (¿?) hace que vuelva a
la tierra… que contradicción. También por mi parte debo reconocer
que la foto la hice con la blackberry…
Un primer bis con un final no muy
apoteósico anticipó un segundo bis cuando sonaba ya la música de
ambiente, iniciado con la bronca de Alex al respetable por no
haberlo solicitado con más ganas. Y es que ya no sabes a qué carta
jugar. Pero Cooper es fiel a hacer en cada momento lo que le place y
eso se nota en el escenario, aunque el tiempo pase, todo el que
tiene por corazón tiene una diana lo va a disfrutar como si aquél no
transcurriera. Habrá que reengancharse… y qué mejor sitio para
hacerlo que Bilbao, una ciudad de marcado sabor anglosajón, seguro
que perfecto para ver a COOPER.
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