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Texto:
Ruth Bautista
Fotos:
Juan Aguado
Concierto programado a traición, entre semana, a mitad de
enero, y sin apenas promoción. Cualquiera diría que se trata de uno
de esos famosos artistas que realizan un concierto sorpresa super
exclusivo. Pero no, se trata de Corinne West, que de famosa por
estos lares tiene poco. Como consecuencia obvia, veinte personas en
la sala. Eso sí, la sensación de concierto exclusivo no nos la
quitará nadie del cuerpo, pues pocos o muchos en la sala, esta mujer
se vale por sí misma para caldear el ambiente y sumirte en uno de
esos sueños despiertos que te llevan a otro lugar aunque sea tan
solo por una hora.
En teoría presentaba su segundo disco Second Sight
(2007), aunque en la práctica se presentaba a sí misma, pues era la
primera vez que actuaba en España y muy posiblemente que se la oía.
Y la actuación fue chocante, a la vez que una gran experiencia. Esta
mujer, etiquetada de mezcla de Americana con toques de Folk y Rock,
además de bluegrass en su segundo trabajo, comenzó el concierto de
forma agresiva, fijándonos bien al asiento, que nadie debía moverse
de donde estaba. Pronto vimos que tiene una potentísima actitud a
mitad de camino entre la fiereza y fuerza de Melissa Etheridge y la
belleza y delicadeza de Sarah MacClahan. Y así el concierto, que
empezó agresivo, pronto fue evolucionando hacia temas más tranquilos
y suaves para finalizar de forma contundente. Corinne se mostró
comunicativa y entre canción y canción se molestaba en presentarnos
las canciones. Eso sí, quizás no bien informada de nuestro nivel de
inglés. Hizo un buen repaso a sus dos discos. Del primero, Bound
for the living (2004), rescató algunos de sus mejores temas:
“Amelia”, “Angel”, “Maybe love will find you”, “Road Work ahead”,
muestras todas ellas de su lápiz afilado y su brillante voz.
Acompañada en todo momento por su guitarra, y por su compañero, Doug
Cox a la slideguitar. Al segundo trabajo le dedicó algo más
de tiempo y presento muchos de sus grandes temas, como el que lo
abre “Second Sight”, “Gandy Dancer”, dedicado según reconoció a una
de sus pasiones, los trenes, en honor a un viejo que trabajó todas
su vida en las vías del tren, a los que se les llamaba como el
título de este tema. Uno de los temas que más impresionaron fue
“Hell Yes”, en el que se reafirma de su decisión de abandonar los
estudios siendo adolescente y echarse a la carretera a descubrir el
país y a descubrirse a sí misma. Una bofetada de realidad que en dos
segundos te hace reflexionar sobre la gran distancia que existe
entre su país de origen y el nuestro, uno nuevo y otro viejo, y como
en aquel aún existe la posibilidad de salirte del camino oficial
para explorar y caminar por vías secundarias, alternativas, para
hacer el viaje a tu manera. Aquí, cualquiera que se salga de la
autopista principal sabe que solo puede acabar en vías muertas.
Jovial cada Hell Yes que ella gritaba, con la rabia y
felicidad.
Poco después dio fin al concierto y antes de que nadie se
hubiera marchado ya se encontraba caminando entre su público,
preguntándonos a todos qué nos había parecido el concierto y sobre
todo, qué nos había llevado allí, sorprendida ella misma de haber
congregado a dos docenas de personas en una noche como aquella.
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