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C.W. STONEKING

Madrid, Sala Wurlitzer Ballroom

19 de febrero

 

 

 

 

 

Texto: Asier R.

Fotos: http://cwstoneking.com/

 

A veces, muchas, creo en lo sobrenatural. Juraría, que en algún momento de la historia, un joven australiano, de descendencia estadounidense, tal vez más allá en su árbol genealógico incluso inglés, tal vez, se pasó por Nueva Orleans, o quizás alguna población más profunda aún, cercana a alguna de las riberas del pantanoso Mississippi, y tal vez por el mal de ojo, el “mojo” o algún accidente, el espíritu de un cantante negro de blues de la América más profunda decidió alojarse en la garganta de este pálido australiano y le hizo empuñar un banjo, puede que un dobro, o quizás una guitarra ajada.

 

Palabra que no miento, que me quedé cerca de cuatro canciones asombrado, prendado diría, de la voz de Stoneking. Bien es cierto que llevaba bien escuchado su último trabajo, “Jungle Blues”, pero está claro que verlo en directo es otra cosa. Hay que decir que la sala Wurlitzer, nos sirvió un sonido maravilloso, donde la voz de nuestro artista lució esplendorosa. Sorprende que alguien, no ya por ser blanco, sino por oír que lo hace completamente natural, tenga semejante voz. Y os diréis: “Bueno, para eso ya hay bastantes cantantes de blues negros, de antes y de ahora”. Puede.

 

Aún así, tiene algo en su presencia y en el sonido de su música y de su banda que le hace parecer diferente. Su aire es soso, pero un tanto inquietante, muchas veces parece ausente, como trasladado, no ya en el espacio a esas geografías, posibles pero alucinadas, si no también en el tiempo, transplantado efectivamente a los años veinte. El caso es que gracias a los músicos sabe evocar esos detalles y parece que su banda le lleva en una alfombra mágica, en volandas. Se compone de trombón, trompeta, tuba-contrabajo y batería. Hacen una labor de mérito. Tal vez el trombón más discreto pero entre todos, consiguen hacer efectivos los detalles que se descubren en su disco. Ambas canciones con referencia a la jungla, su blues y su “lullaby”, brillaron en ese aspecto. La nana especialmente sonó esplendorosa, los tucanes, los árboles de bambú, y demás, hicieron de telón de fondo magnífico para una voz, entre aterciopelada y profundamente vieja.

 

En un momento pasamos de la selva a un mercado callejero abarrotado, C.W. junto con su sección de vientos, cual ventrílocuo, te lo llevaba a la sala, bullicioso. La tuba, tras el estrépito inicial, marca un paso especial, es el de “I Heard the Marchin of the Drum”. En otro momento, C.W. se queda solo y echa mano de su guitarra, acompañando a su voz, sabiamente nos ofrece dos números de puro blues pero, no lo alarga más, el sabor añejo, aparte de servir de cambio, sirve para saborear aún más lo que pudiera ser un ejercicio de estilo pero…¡suena tan auténtico!

 

Si hubiese dudas, hubo un par de temas, ese “Dodo Blues” de su primera grabación, que con ese permanente estribillo “Nothing can be right, when everything is wrong, Nothing can be wrong when I walkin´ with my baby, I wish it, I was”, se te clavaba hasta lo más hondo, con ese ritmo de banda callejera en pleno Mardi Grass. Y alguno de los temas (¿Handy Man?) en los que, especialmente su trompetista, se dejaron llevar, y te llevaban a ti con ellos.

 

Uno de esos artistas que parecieron hacerlo muy sencillo, sin esfuerzo y tal vez lo fuese, pero que te deja durante bastante tiempo la sensación de haber visto un concierto muy especial. Tal vez no se pueda explicar. Tal vez haya que verlo. Y oírlo.

 

 

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