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Texto:
Asier R.
Fotos:
http://www.myspace.com/deadstringbrothers
He tardado bastante en ponerme a escribir sobre este
concierto aunque he pensado bastante en él. Ahora con una taza de
café y tarde grisácea, tras haber disfrutado de varios conciertos
más en este espléndido noviembre, puedo decirlo. El de los
Deadstring Brothers fue un concierto valiente. Y es que no todos los
grupos pueden afrontar un golpe tan reciente con tantas ganas.
Con este panorama global, las noticias, siempre que las
buscas, pueden llegar en milésimas de segundo, así, yo me presenté
en la sala El Sol sabiendo que la cantante de estos chicos, que
lleva en el grupo desde su primer disco, titulado como ellos, y
llamada Masha Marjieh, no iba a cantar por problemas de salud. Como
ocurre en estos tiempos de velocidad, esa información era falsa, al
parecer ha abandonado el barco según palabras de Kart Marschke,
líder del grupo.
No me voy a poner a divagar pero teniendo en cuenta que la
ex-cantante lleva desde esos orígenes inciertos, y que ahora su
presencia en el último disco de estudio era todavía mayor, me
preguntaba si basarían su repertorio en los dos primeros discos.
Pues si y no. Del primer disco antes mencionado tocaron
tres canciones, dos de ellas en los bises y para regocijo mío, una
de ellas fue la que abría su carrera en estudio, esa maravilla
titulada “I´m not a Stealer”. Ese momento hacia el final del
concierto me confirmó la sensación que estaba teniendo y es que el
espectáculo fue a más con cada canción.
Pero ahí se acabó el recuerdo a su primera publicación, el
resto fueron todo canciones de Starving Winter Report y
Silver Mountain, segundo y tercer disco. Ya con “Get Up Jake”
(segunda del repertorio) la cosa nos mostró de qué pie cojearía el
concierto. Y digo cojera como una distinción, no cómo un defecto.
Fue un concierto de puro Rock ´n Roll, hundiéndose en muchos casos
en la tradición más blues-honky tonk como esa canción que “clavan”
en directo llamada “Rollin´ Blues” en la que su bajista Jeff Cullum
se lleva la harmónica a la boca y da todo un recital con un
acompañamiento que se deja llevar en cada nota.
A esos aires más folkies ayudó también ese muchacho, o así
lo parece, Spencer Cullum, que toca la pedal steel, el dobro la
slide y la guitarra, no ya bien, sino que además, con una sonrisa
prácticamente permanente a lo largo de todo el concierto, transmite
simpatía y entretenimiento. Disfrute encima de un escenario.
No voy a mentir, y sé que no todo el mundo piensa así. De
hecho, me ha sorprendido ver que hay gente que en absoluto ha echado
en falta a la cantante. Pero en mi caso, hubo ciertas canciones y no
solamente del último disco, en las que me encontré cantando
(mentalmente) las partes de la antigua cantante, pero ahora con el
paso del tiempo puedo decir que me alegra haber visto las dos
vertientes de la banda: la primera como teloneros de Marah hace ya
un año, encima de escenarios un poco más grandes, me transmitían la
sensación de una banda más espectacular, arrasadora. En esta última
gira como cabeza de cartel, me parecieron más esa banda de carretera
que viaja los estados más polvorientos, a la búsqueda del siguiente
concierto que les sirva de oasis y cuyos recitales son una mezcla
del rock ´n roll más íntimo pero también más rudo y por qué no,
fiestero.
Solo espero que se hayan dado cuenta de que ellos solos
pueden seguir adelante con un repertorio que si bien, por su
clasicismo, no creo que sea objeto de culto, a los que disfrutamos
con una buena canción, simplemente, nos encanta.
Lo dicho, valientes y…talentosos.
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