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Texto:
Ruth Bautista
Fotos:
Juan Aguado
En la primera reseña que leí sobre Deluxe, hace ya unos
cuantos años, un amigo escribía aquello de “una nueva gran voz
dentro del panorama musical”. Desde entonces, Xoel López ha
demostrado ser mucho más que una voz bonita. Es, además de un
compositor con frescura, una gran figura sobre el escenario, donde
pierde su aparente timidez y engancha no solo a sus leales fans, que
son unos cuantos, como hemos ido comprobando con el paso de los
años, los conciertos y los festivales en los que nos hemos cruzado
con él.
Éste último trabajo, Fin de un viaje infinito, es ya
el cuarto, siempre en evolución, siempre hacia delante en ese viaje
que no creemos haya llegado a su fin. A finales del pasado mes de
marzo Deluxe volvía a la carga presentándolo como mejor sabe hacer,
en directo. No escatimó en temas y duración y, exceptuando un breve
lapso de dos canciones, más lentas, en el primer tramo del
concierto, lo que allí pudimos escuchar fue un puñado de sus mejores
temas. A ritmo fuerte y animado Xoel consiguió hacernos olvidar que
las canciones eran nuevas y, por lo tanto, desconocidas. Mucho
ritmo, letras y melodías directas, sencillas; en definitiva, muy
vivas y de conexión rápida con el público.
En la buena compañía de la banda, que ha ido creciendo
hasta los siete miembros que llegamos a contar esa noche, trompetas
incluidas, Xoel fue desgranando parte del álbum. Cayó en el error de
intentar representar todo el disco, por lo que incluyó en el set
list dos temas: “Rostro de actriz” y “De tanto callar”, demasiado
lentos para el ánimo de la noche. Suerte que sonaron muy al
principio y en seguida volvimos al ritmo enérgico con el que había
comenzado. Los temas de mejor pegada fueron “Gigante”, “A un metro
de distancia”, “Simone”, de ritmo marcial, y el primer single,
“Colillas en el suelo” que cayó casi al final de la noche.
A Xoel, como a muchos de nosotros, le comienza a grisear el
cabello. Nos dejó con un buen sabor de boca y es que está, sin duda,
en su mejor momento.
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